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Jesús Moncada

Visat núm. 1
(gener 2006)
por Hèctor Moret
Jesús Moncada Estruga nació en Mequinenza (Baix Cinca) el 1 de diciembre de 1941 –durante la etapa más dura de la posguerra– en una villa de vencidos y dentro de una familia de pequeños comerciantes arraigados en este pueblo situado en la confluencia de los ríos Segre y Ebro. Hacia 1966, alentado por el historiador, periodista y traductor de Mequinenza Edmon Vallès, se traslada a Barcelona y un año más tarde entra a trabajar en la editorial Montaner y Simón como ayudante del gerente de producción Pere Calders, que también lo animará a escribir y con quien mantendrá una estrecha amistad.

A principios de los años ochenta cierra Montaner y Simón, lo cual hace que el escritor de Mequinenza pueda dedicarse con más intensidad a la labor literaria, eso sí, teniendo que compaginar la incipiente carrera de escritor con trabajos y traducciones para diferentes editoriales catalanas. Una carrera que ya no se verá interrumpida hasta la aparición, el verano de 2004, de los primeros síntomas de una grave enfermedad que lo llevará a la muerte en una clínica de Barcelona el 13 de junio de 2005.

Si bien la publicación tanto de la primera colección de cuentos, Històries de la mà esquerra (1981), como de la segunda, El Cafè de la Granota (1985), llamó en su momento la atención de los lectores atentos y de la crítica literaria, no es hasta la edición de la novela Camino de sirga (1988) que obtiene el reconocimiento definitivo de la crítica y el público. Se trata de una obra extensa y densa con la que el nombre de Jesús Moncada pasa a ocupar uno de los sitios más destacados de la literatura catalana de las últimas décadas. Novela calificada de coral, en la que se retrata la historia de casi un siglo de la villa de Mequinenza y del Ebro catalán con una serie de personajes y con un constante ir y venir del pasado al presente que abarca un amplio periodo de tiempo, desde la Primera Guerra Mundial hasta el 1971, año en el que empieza el lento aniquilamiento de Mequinenza al finalizar las obras del pantano de Riba-roja. El reconocimiento internacional no tardará en llegar y en estos momentos Camino de sirga ha sido traducida a quince lenguas.

En la segunda novela de Jesús Moncada, La galería de las estatuas (1992), se narra la historia de Dalmau Campells, un joven de Mequinenza estudiante de magisterio en Torrelloba, ciudad del interior peninsular que fácilmente se identifica con Zaragoza, donde Moncada estudió el bachillerato superior y la carrera de magisterio. El escenario temporal transcurre a finales de los años cincuenta del siglo pasado, aunque también son numerosos los flash-backs que la hacen retroceder a los años de la Guerra Civil. La acción transcurre en una serie de vaivenes entre Torrelloba y Mequinenza, con unos personajes que se mueven por una ciudad definitivamente gris y triste.

En la tercera novela, Memoria estremecida (1997), Mequinenza y sus habitantes vuelven a dominar de una forma casi absoluta el escenario de la narración. Un hecho trascendental en la historia de la villa –un caso de bandolerismo acaecido el 1877 y que ha pervivido con fuerza en la memoria y la tradición oral de los habitantes de Mequinenza y de las poblaciones cercanas– es, aparentemente, el tema central de la obra. En esta novela calidoscópica y casi tan coral como Camino de sirga, la represión social y en especial la del poder político son descritas sin contemplaciones y con un punto de amargura. De nuevo la memoria colectiva de los habitantes de Mequinenza –la memoria a la que hace referencia el título de la obra– tiene un papel destacado.

El carácter claramente unitario del tercer libro de cuentos de Jesús Moncada, Calaveras atónitas (1999), ha hecho que en alguna ocasión esta obra haya sido calificada de una casi novela, o de novela de personajes, una visión que se ve favorecida por la presencia de un prólogo y de un epílogo –muy falsos o muy literarios, tanto el uno como el otro– narrados, respectivamente, desde los ojos de un joven e ingenuo abogado barcelonés destinado como secretario de juzgado a la Mequinenza de los años cincuenta del siglo pasado y desde la ironía y sabiduría del juez titular de la villa.

En Cabòries i estivals i altres proses volanderes (2003) se recogen todas las colaboraciones a la prensa de Jesús Moncada, además de una narración inédita.

La obra literaria de Jesús Moncada se centra en su parte más extensa en la geografía –urbana y rural– de Mequinenza, en la historia –pequeña y grande– de los años que van, a grandes trechos, de 1860 a 1971 de esta villa y, en gran medida, en los comportamientos y la psicología de sus habitantes, tanto contemporáneos como pretéritos. Para entender esta dedicación espacial y temporal del conjunto de la obra moncadiana cabe tener en cuenta la singularidad –en un contexto comarcal de economía agraria– de Mequinenza debido al carácter comercial y especialmente industrial de su economía, basada en la extracción y el transporte fluvial del lignito de las numerosas minas que se encontraban diseminadas por su término municipal; y debido también a las consecuentes peculiaridades en las relaciones sociales de la población, formada mayoritariamente por comerciantes, asalariados –mineros y tripulantes de laúdes– y empresarios –propietarios de minas y laúdes–, con algunos campesinos, pastores y ganaderos. También cabe tener presente las muchas horas que pasó Moncada en la tienda de sus padres, en los numerosos cafés esparcidos por la población de Mequinenza o, simplemente, en sus calles y plazas, durante su niñez y adolescencia escuchando por boca de campesinos, mineros, calafates y, especialmente, tripulantes de laúdes de Mequinenza las historias, ocurrencias y aventuras –reales o imaginarias– protagonizadas a menudo por estos mismos mineros o navegantes.

Así, la villa de Mequinenza y las relaciones entre sus habitantes serán el punto de partida que, junto a una innegable habilidad narrativa, a una gran capacidad lectora y a una gran imaginación innata –pero controlada–, le han de permitir la creación de un pequeño universo –un microcosmos– literario, rico y matizado, en el que la memoria colectiva de Mequinenza tendrá el principal protagonismo, un universo de base real pero con claras connotaciones épicas, hasta el punto que no resulta nada extraño encontrar quien califique este universo de mítico: el mito de Mequinenza. Mito que, paradojas de los mitos, parece ser que sólo podrá surgir con la desaparición de la Mequinenza real –su viejo casco urbano, la navegación tradicional por el Ebro, el declive de las exportaciones mineras, etc.–, desaparición provocada por los tiempos modernos, por las grandes transformaciones socioeconómicas de los últimos años del régimen franquista y, sobre todo, por la construcción de los embalses de Riba-Roja y Mequinenza en el curso del Ebro, un río –una vía fluvial– que hasta ese momento había estado el eje vertebrador más importante de la vida de Mequinenza.

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