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Vicent Andrés Estellés

Visat núm. 2
(octubre 2006)
por Hans Ingo Radatz
El poeta valenciano Vicent Andrés Estellés es todo un clásico de la literatura catalana moderna, una de esas personalidades que ha contribuido en la cultura del país dejándonos su legado. La obra poética de Estellés es muy extensa: el año 1990 se publicó el décimo volumen, y de momento el último, de su obra completa. Aunque no está recogido, ni de lejos, todo lo que ha escrito. Sólo se tiene que tener en cuenta la gran cantidad de materiales que hoy en día siguen siendo inéditos: el autor los guardaba en bolsas de plástico por todos los rincones de su casa, como si pensara que los lectores y los críticos aún tuvieran que estar mucho tiempo ocupados con su obra, como si a lo mejor no hubieran podido entender aún su significado. De una forma parecida a lo que pasó con Fernando Pessoa, en Estellés se ha dado la situación que una obra que se había gestado durante una década, se hace pública en un abrir y cerrar de ojos. Desde entonces, poco a poco, se ha podido clasificar y atorgarle el reconocimiento que se merece.

Presentado como “escritor valenciano”, en el extranjero se tiende a ver a Estellés como el representante de una “literatura regional”. Pero en realidad el epíteto “regional” para caracterizar la obra de Estellés y la imagen que él tenía sobre sí mismo resulta absolutamente inapropiado. Como muchos grandes artistas, es del todo cierto que del profundo arraigo en la cultura de su tierra saca el gran impulso para sus creaciones artísticas. Cabe decir que, de una manera parecida a lo que pasaba con Federico García Lorca, que precisamente por eso era conocido como “el andaluz universal”, Estellés no tiene como objetivo último lo local, sino la condición necesaria que hace posible la universalidad. En este sentido, tendríamos el mismo derecho a llamar a Estellés “el valenciano universal”: todo lo que significaba Granada para Lorca, lo significa para Estellés Burjassot, su pueblo natal.

En el año 1962 Joan Fuster, con su libro Nosotros, los valencianos , estableció las bases del valencianismo político y cultural. Esta obra, además de enfatizar las particularidades valencianas, proclamaba que la lengua, la cultura y la historia de Valencia formaban parte, sin duda alguna, de un marco cultural más grande: el de la cultura catalana. Lo que hizo Joan Fuster en el área de la ensayística y de la historia de la civilización, lo llevo a cabo Vicent Andrés Estellés en el campo de la literatura: superar el provincianismo que había imperado durante tanto tiempo en la cultura valenciana y ofrecer una aportación valenciana genuina a la literatura universal.

Vida y obra

Las circunstancias externas de la vida de Vicent Andrés Estellés no fueron especialmente espectaculares, salvo algunos profundos cambios colectivos que tuvieron lugar durante el decurso de su vida. Los años de franquismo fueron una experiencia traumática para los intelectuales valencianos, una experiencia de la que nadie se ha podido librar i que los mantuvo unidos. Si buscamos datos biográficos de Vicent Andrés Estellés en Valencia, de vez en cuando nos encontramos con la siguiente respuesta: en realidad, no tiene biografía. Por supuesto que Estellés tiene una, pero en varios aspectos es tan típica y tópica como la de cualquier otro escritor valenciano de su generación. Allí apenas se considera una biografía. Podría tratarse perfectamente de una ilusión óptica provocada por las enormes proximidades y paralelismos de la vida.

Como caso típico de artista del siglo XX, durante gran parte de su vida se vio forzado, como les pasó a Franz Kafka, Antonio Machado, Charles Ives y a muchos otros, a dedicarse al humilde trabajo de panadero. Igual que la mayoría de representantes de la cultura catalana en el País Valenciano, Vicent Andrés Estellés provenía de ambiente rural: nació el 4 de septiembre de 1924 en el pueblo de Burjassot, cerca de Valencia, en una familia dedicada al oficio de la panadería durante muchas generaciones. Vicent, de niño, también ejerció durante mucho tiempo de panadero antes de dedicarse al periodismo. Más adelante, con el título de su libro El gran foc dels garbons , haría alusión al fuego del horno de su padre, que simboliza el carácter apasionado de la gente del pueblo que se plasma en el libro.

Los orígenes de Estellés, que procedía de una familia humilde, marcaron su visión del mundo y del arte; como diría Fuster, eran como «los libros que no ocupan un estante destacado». Además, estos orígenes aparecieron repetidamente bajo varias formas a lo largo de su obra. Nunca se le consideró un poeta hermético o académico, sino que siempre fue visto como “uno entre tantos”, como un autor que aunque escribía “para el pueblo”, sin caer en un tono patético, lo hacía sobretodo desde el pueblo.

Muy pronto, antes que estallara la guerra civil, Estellés hizo sus primeros pasos como escritor. Al principio escribió obras de teatro donde utilizaba una lengua aún llena de huellas dialectales. Su infancia y su juventud estuvieron marcadas por la experiencia de la guerra civil, pero más aún de la posguerra.

El esteticismo académico de la revista literaria Garcilaso tuvo una influencia decisiva en la poesía española de esos años. Al principio, Estellés tampoco pudo salvarse de esa influencia y el estilo de la revista marcó sus primeros poemas publicados –especialmente en cuanto a la lengua, ya que en esa época aún escribía en castellano. Cuando acabó los estudios, lo destinaron al servicio militar al Pirineo de Navarra. Allí se reencontró con el catalán, según él, porque se sentía muy solo.

En el año 1948 empezó a trabajar como periodista para el periódico Las Provincias . Diez años más tarde lo nombraron redactor jefe. En 1995 se casó con Isabel; empezó así un matrimonio que duraría hasta su muerte. Su imagen de padre de familia responsable y atento dejaba perplejos a algunos de los lectores de sus poemas de amor, tan liberales, incluso a veces escandalosamente pornográficos. Ellos preferían imaginárselo más bien como un sátiro desenfrenado y erotómano. Sin embargo, la inusual franqueza con la que trataba los temas eróticos no tenía nada que ver con una lívido excesiva del autor. La literatura valenciana ha tratado tradicionalmente el sexo con menos tabúes que como se ha hecho en Barcelona, por ejemplo. Para muchos otros, esta faceta de su obra tiene algo que ver con la pretensión de concebir poéticamente la totalidad del mundo sensitivo de las personas. Por este motivo, se niegan a dejar de lado una parte tan importante como es la sexualidad.

La trágica muerte de la primera hija del matrimonio, en el año 1956, supuso un golpe durísimo que Estellés tardó mucho en superar. En su infancia ya había tenido contacto con la muerte de una forma muy directa, puesto que murieron muchos parientes cercanos --esta experiencia hizo del tema de la muerte uno de los más habituales en su obra.

A pesar de todo, Estellés no tomaba la muerte como punto de partida para especulaciones trascendentales, sino que la presentaba como un hecho cotidiano. La naturalidad con la que coexisten la vida y la muerte en la obra de Estellés nos hace recordar, por su trato realista de la vida terrenal, la descripción medieval de la danza de la muerte. Durante estos años, Vicent Andrés Estellés empezó a aumentar su producción literaria. Lo hizo apartado de los círculos literarios oficiales, depurados por la censura, ya que la situación política no permitía prácticamente ninguna publicación. Durante muchos años escribió con la decepcionante perspectiva de que probablemente su obra no llegaría nunca a un público más numeroso que el círculo limitado de expertos en poesía. Llenaba de poemas carpetas y cuadernos, con la esperanza de que llegarían tiempos mejores. A pesar de esto, la lengua y la cultura donde sentía que pertenecía, parecían condenadas a muerte bajo la invasión de la cultura española oficial. Estellés de repente se encontró haciendo de cronista y guardando recuerdos mientras retenía obsesivamente los detalles del día a día y las palabras cotidianas en peligro de extinción.

La lengua de Estellés, tan llena de fuerza, se nutre de la lengua de los clásicos, a la vez que se alimenta también de un valenciano popular, con todos sus vulgarismos y dialectismos. Para Estellés, la presencia equilibrada de elementos coloquiales hace de contrapeso del lenguaje puramente poético. Por eso, en sus poemas evita caer en esa afectación escapista que se propagó durante el franquismo como prototipo de todos los artistas. Así nació el equilibrio típicamente estellesiano entre la sátira y el realismo, que de vez en cuando hace posible un cierto grado de emotividad y sinceridad. A lo mejor esto se haría pesado si no fuera por esa rotura irónica y ligera. En cambio, siempre consigue unos efectos cautivadores, resultando así entendedor para el lector.

A partir de 1971, cuando la situación política española se relajó y se pudo volver a publicar literatura catalana contemporánea, empezó el auténtico boom de la obra estellesiana. Pocos años después se había publicado la mayor parte de esa obra gestada durante el decurso de los veinte años anteriores (en 1972 se publicó el primer volumen de su obra completa). Sin embargo, su creciente popularidad como escritor en lengua catalana coincidió con la radicalización de los sectores nacionalistas de derechas, que volvían a ganar poder en Valencia. Estos, conocidos como los “blaveros”, tenían como objetivo, después de la muerte de Franco, la lucha contra el pancatalanismo, y hacían lo que hiciera falta para evitar que la democracia y la descentralización avanzaran. A estos sectores les molestaba especialmente (y aún les molesta) el resurgimiento de una vida cultural pública en lengua catalana en Valencia. Como Estellés era un representante destacado de este resurgimiento, sufrió varios acosos públicos.

No obstante, la obra de Estellés sobrevivió sana y salva durante mucho tiempo a todos los conflictos políticos del día a día. Eso fue precisamente porque Estellés, a pesar de su compromiso político, no quiso divulgar nunca su ideología política. No hay prácticamente ningún premio literario catalán de importancia que él no haya recibido. Además, su estatus de uno de los poetas contemporáneos más destacados en lengua catalana es universalmente reconocido. Después de una grave y larga enfermedad, Vicent Andrés Estellés murió en Valencia el 27 de marzo de 1993.

Traducido por Berta Creus
Vicent Andrés Estellés, Arxiu “Serra d’Or”
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