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Joan Sales

Visat núm. 3
(abril 2007)
por Xavier Pla
El editor, novelista, poeta y traductor Joan Sales i Vallès nació en Barcelona en 1912 y murió en 1983. Sales pertenece a la misma generación de escritores que Mercè Rodoreda (1909), Lluís Ferran de Pol (1911), Pere Calders (1912) y Avel·lí Artís-Gener (1912), una de las generaciones que vivió con más intensidad los años de la República y, sobretodo, el estallido y el desarrollo de la Guerra Civil Española. Joan Sales, por su edad, no solamente tuvo que participar en la guerra activamente sino que acabó implicándose durante toda su juventud.

Editor de Llorenç Villalonga y de Mercè Rodoreda, director del Club dels Novel·listes, Sales es, por encima de todo, un gran lector que se apasionó, inicialmente, por la obra de Stendhal y que, más tarde, se interesó definitivamente por la obra novelística de Dostoievski (tradujo Los hermanos Karamazov), y por la literatura de grandes escritores y filósofos franceses católicos como François Mauriac (de quien tradujo Thérèse Desqueyroux), Georges Bernanos, Emmanuel Mounier, Gabriel Marcel o Teilhard de Chardin.

Sales, que era licenciado en derecho pero nunca ejerció, empezó a trabajar a los quince años como redactor del diario La Nau, fundado por Antoni Rovira i Virgili. Después de colaborar esporádicamente como corrector y linotipista, Sales se convirtió en uno de los primeros profesores de catalán de la Generalitat republicana. De muy joven, también aún bajo la dictadura de Primo de Rivera, fue miembro de un primer y clandestino Partit Comunista Català, fundado en el año 1928 por Jordi Arquer, que intentaba combinar comunismo y nacionalismo. Pero Sales acabó evolucionando, cuando la guerra ya había estallado, hacia el catolicismo y, juntamente con su mujer, Núria Folch, se distanció rápidamente y definitivamente del ámbito comunista y anarquista. Su única novela publicada, Incerta glòria (1956) sería, entre muchas otras cosas, el verdadero correlato objetivo de su «conversión» al catolicismo.

Cuando empezó la guerra de España (Sales siempre rehusó el calificativo de Guerra Civil, quizás influido por Antoni Rovira i Virgili), Sales entró en la Escola de Guerra de la Generalitat con el objetivo de adquirir el adiestramiento militar necesario para participar en la guerra como oficial. A finales de 1936, se incorporó en la columna Durruti, en Madrid. En Xàtiva, continuó sus prácticas militares (abril de 1937), se incorporó más tarde en el frente de Aragón (mayo de 1937 - marzo de 1938) y, finalmente, en el frente de Cataluña, en la columna Macià-Companys (abril - junio de 1938). Sales acabó la guerra con grado de comandante del ejército republicano y abandonó a pie la Cataluña vencida por el collado de Ares. Unos años más tarde, declaraba: «La guerra ha sido para mí la gran experiencia de mi vida, lo que más me ha interesado, lo que más me ha apasionado. Yo creo que el escritor tiene que constituirse en testimonio de la verdad». Entre enero y diciembre de 1939 vivió exiliado un tiempo en París, hasta que, después de una estancia en Haití, se instaló finalmente en México, donde conservó desde el principio la esperanza de una victoria de los aliados capaz de echar a Franco del poder. En México, Sales y un grupo de intelectuales (Lluís Ferran de Pol, Raimon Galí y Josep M. Ametlla, entre otros) fundaron una de las revistas más críticas y combativas del exilio catalán, los Quaderns de l’Exili. Entre 1943 y 1947, estos quaderns, calificados como periódico de «agitación nacional», reunieron a un gran número de colaboradores y defendieron, con una virulencia verbal inusual, la unidad de la lengua y la cultura catalanas. No obstante, preconizaban sobretodo la organización de unidades militares catalanas formadas por soldados republicanos con el objetivo de luchar desde la Francia ocupada al lado de la resistencia contra el fascismo. A partir de 1945, la progresiva asunción, por parte de Sales y de otros miembros de los grupos exiliados catalanes de América, que el final del franquismo se veía muy lejano comportó la concienciación de que la estrategia que debía seguirse no se podía justificar si no era a partir de una clara oposición a la dictadura franquista desde dentro mismo de Cataluña.

Cuando volvió del exilio en el año 1948, Sales tuvo que ganarse la vida, en Barcelona, primero como corrector y linotipista, colaborando en las editoriales Ariel, Vergara y Aymà y, finalmente, encargándose de la dirección literaria de Ariel. Bajo el cobijo de la Editorial Aymà, se fundó la colección «El Club dels Novel·listes», dirigida por Joan Oliver. Trabajando también con Xavier Benguerel, Sales pudo poner en práctica sus posiciones estéticas y estilísticas. Más adelante, Oliver dejó la dirección, y lo más importante es que «El Club» se convirtió en una casa editorial. Desde Club Editor, en solitario, Sales inició una verdadera tarea de proselitismo literario por las tierras de lengua catalana, en un incesante peregrinaje en busca de lectores. Al fin y al cabo, son los que le permitieron soportar su ritmo de publicaciones, coronadas por las primeras obras de Mercè Rodoreda y de Llorenç Villalonga.

Hombre de personalidad poderosa, tenaz y apasionada, Joan Sales es por encima de todo un escritor independiente, un out-sider de la literatura catalana, quizá menos autodidacta de lo que pretendía, un creador que no se «casaba» con nadie y que puede ser definido como un escritor de acción que, desde su juventud, construyó deliberadamente una imagen propia del intelectual que podríamos llamar militante. Es el escritor soldado que se pone al servicio de la causa, o de las distintas causas a las que sirve, el combatiente que, con las palabras de Pere Calders, «nunca se rindió. Sencillamente utilizó las armas que tenía a mano para continuar la lucha, como un maqui iluminado por unos ideales inconmovibles». Militante del catalanismo, del republicanismo y del catolicismo, Sales sintió siempre la necesidad de explicarlo todo, de explicarse y de justificarse incesantemente, ya sea en prólogos, epílogos o en notas a pie de página, cómo queriendo preservar del olvido o de la confusión todo lo que fue su larga experiencia vital. Peregrino entre las sombras, en busca de una «gloria eterna», Sales da la impresión de no haber dado nuca por acabada la guerra, de no haber vuelto nunca de su exilio, de haber pasado definitivamente «al otro lado» y de haber conservado un particular sentimiento de extrañeza. Personaje transfigurado en Lázaro, haciendo un paralelismo entre los supervivientes de las guerras y de los campos, Sales siempre parece ser un carácter desgarrado, trágico, que después de haber atravesado el infierno no consigue recuperar nunca más una existencia cotidiana de una cierta normalidad. A lo mejor eso le dio la fuerza de aquel que se habitúa a las situaciones más inverosímiles, de aquel que no se extraña por nada, pero que pese a todo persiste en nadar en el centro del remolino. Por eso, Sales concibe la literatura como testimonio, y solo comprende su papel de escritor como el compromiso de un superviviente, cargado de deudas con los que no sobrevivieron y con la angustia del «sacrificio inútil» de los muertos en la guerra.

Es el sonámbulo que camina cerca del abismo, el moribundo desangrado, el errante lanzado a alta mar que protagoniza precisamente el único libro de poemas de Joan Sales, Viatge d’un moribund (Barcelona, Ariel, 1952). El protagonista de este primer y único libro de poemas «denso y patético», tal y como lo calificó Joan Triadú, recorre una doble peripecia. Por un lado, un viaje real, en sus sucesivas etapas de la guerra y el exilio. Por el otro, un viaje moral en que el moribundo sediento deambula, fantasmalmente, por un complejo escenario simbólico y onírico de angustia metafísica. Sin embargo, la presencia más significativa en su poesía es la de Baudelaire, de quien Sales consideraba Les Fleurs du Mal como el «quinto evangelio».

Hay una conexión evidente de Joan Sales con la obra de algunos de los grandes escritores e intelectuales católicos franceses como Charles Péguy, François Mauriac o George Bernanos. Sales es un católico converso, o «devuelto», un hombre que sufre una larga evolución ideológica y moral que recuerda ni más ni menos que a las palabras que él mismo aplicaba a su admirado Kazantzakis: un hombre que busca la justicia ante todo, que defiende en cada instante de su vida su concepto de verdad con una incorregible espontaneidad. La literatura de Joan Sales, construida con un estilo vigoroso, se llena de ecos metafísicos y propone una visión global de la aventura humana, de modo que el lector se encuentra inmerso en un mundo exaltante, lleno de energía física e intelectual. Y así lo muestran sus autores epígrafes que encabezan algunos capítulos de su novela Incerta glòria: Pascal, Baudelaire, Bergson, Chesterton, Kirkegaard, Simone, Weil, Albert Camus y un destacado Dostoievski, que ya se había convertido en un punto de referencia, a veces polémico, en la novela europea de entreguerras y que era presentado por el mismo Sales como el mejor ejemplo de un modelo de literatura que penetra intensamente en la condición humana.

Es en este sentido, en el de la presentación de un tenso conflicto moral, en que hay que incluir a Joan Sales entre los novelistas de la conscience déchirée y de toda una temática de la salvación, es decir de la superación que resuelve el conflicto interior por una toma de conciencia. Y de aquí provienen también las cualidades esencialmente subjetivas de la novela. Su lirismo rompe el desarrollo objetivo del relato y la perspectiva metafísica alimenta el tema del mal y sus motivos (desesperanza, odio, violencia y suicidio) y del tema de la salvación (gracia, amor, combates interiores y exteriores). «Ma jeunesse ne fut qu’un tenebreux orage»: Joan Sales repetía a menudo este verso de Baudelaire («L’ennemi», poema X de Spleen et Idéal), unas palabras que parecen querer confirmar que la única gloria es el tiempo de la juventud, comprendida como única etapa de la vida atravesada por el amor y la muerte dentro de una búsqueda constante del absoluto: una tormenta tenebrosa rasgada por algunos rayos de gloria.

Traducido por Glòria Domènech
Joan Sales, vers 1980. Foto: Barceló. Arxiu Serra d’Or
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