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Recomane tenebres

Vicent Andrés Estellés
Égloga III

Nemoroso

Llegabas como el agua de la noria,
subías de la calle, del subsuelo
al ático, en el ascensor, Belisa,
como agua de una noria en el crepúsculo;
mi vida limpia, y mis dos manos y ojos,
cuando salías tiernísima y esbelta.
Me lavaba con sólo contemplarte...
Nadaba como un pez inverosímil
inmerso en tu ternura vegetal.
Recuerdo la cenefa de tu blusa
temblando contra la morena roca
de tu rodilla igual que una espuma.
La cenefa sabía hacerse un cántico
naciendo, alegre, encima de tus pechos.
Me alargabas la mano como un istmo
hacia un insospechado continente.
Dos y dos eran doce. Lo recuerdas?
Pasaban por el aire grandes pájaros,
oscilando por las huecas pupilas,
por aquellas pupilas sin un rostro.
Todo es distinto hoy. Dos y dos, cuatro.
Me queda una corbata solamente
de esos ocasos que recuerdo tanto.
Con los ocasos me he hecho una corbata
que me cruza como otra ave el pecho.
Tierna corbata a rayas, verdes, gualdas,
retal de aquellas églogas, Belisa.
Me gustaría enviarte un telegrama,
un telegrama con el sobre en blanco,
que diga nada más: “Belisa, corre!”
Tírate del balcón, de la ventana,
desde el tranvía en marcha, desde el puente.
Corre, Belisa. El mundo va al desastre:
los días tienen veinticuatro horas,
las personas son altas o son bajas,
si abres el grifo corre el agua, si
sumas seis y catorce salen veinte...

Belisa, el mundo marcha hacia el desastre
si no vienes, si no vinieses pronto.
Oh, no dejes que muera de una angina
de pecho, de enfriamiento, recetado...
No me dejes morir por un motivo
u otro, por tal, por cual, con una lógica.
Belisa, el mundo marcha hacia el desastre.
Dedos amarillentos de tabaco
rubio, apartan los muslos de Friné.

Belisa, el mundo marcha hacia el desastre.
“Yo creo que esta chica sigue virgen.
Qué dice usted, doctor?”, pregunta el novio.
Belisa, el mundo marcha hacia el desastre.
“Hombre, a decir verdad... Yo creo, en cambio...
Mejor dejarlo estar”. “Como usted diga”.
Belisa, el mundo marcha hacia el desastre!

Tengo miedo esta tarde —en el despacho
de aquellas tardes nuestras, de esos días.
Belisa, el mundo marcha hacia el desastre.
Empezaré a marcar desde el teléfono
un número cualquiera: “Ven, Belisa!”
Lloro, Belisa, entre el Haber y el Debe.
Lloro en el ático que tú conoces.
Belisa, el mundo marcha hacia el desastre!

Ven!

Traducido por Antonio Moreno
Vicent Andrés Estellés, Égloga III. A: El primer libro de las églogas. Paiporta: Comercial Denes, 2002
Vicent Andrés Estellés, Arxiu “Serra d’Or”
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