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Tirant adaptado por Joan Sales

por Marta Pasqual
Una de las facetas probablemente más desconocidas del novelista Joan Sales es su tarea como adaptador. En 1954, Sales se embarcó en un trabajo de adaptación que se disponía a reescribir la gran novela caballeresca de la época medieval, Tirant lo Blanc de Joanot Martorell, es decir, una de las obras catalanas más importantes de todos los tiempos. La voluntad de Sales era convertir esta novela en un relato para los más jóvenes. Es más, como Sales admiraba profundamente esta novela medieval, quería popularizarla y hacerla llegar al máximo número de gente posible.
Hizo de ella una comedia que, a su vez, dada la dificultad de musicalizar la pieza, acabaría reconvertida en bufa (Tirant lo Blanc a Grècia o Qui mana a can Ribot). Bajo la dirección de Jordi Sarsanedas, la pieza se estrenó el año 1958 y fue un gran éxito. Podemos afirmar, sin ninguna duda, que Joan Sales contribuyó a dar a conocer al gran público la novela medieval y, afortunadamente, su trabajo encontraría una continuidad, sobre todo a partir de la Transición. Ciertamente, después de las versiones de Sales, Tirant lo Blanc ha sido sometida a todo tipo de transformaciones. Se ha llevado a la ópera, al ballet, al teatro, se han hecho títeres, propuestas didácticas, guías de lectura, ha llegado al cine y al mundo cómico y, sobretodo, se han hecho múltiples versiones destinadas al público infantil. Destacan las adaptaciones de María Aurèlia Capmany, realizadas entre finales de los años setenta y principios de los ochenta (El cavaller Tirant, Tirant lo Blanc a Constantinoble, Tirant lo Blanc a Sicília i a Rodes, etc.) así como las versiones en cómico hechas durante los años noventa por Jaume Fuster (Tirant a Àfrica, Tirant a Anglaterra, Tirant a Grècia, etc.) y los trabajos de Bernat Joan Marí y Roger Llovet, publicados durante la segunda mitad de la década de los noventa. Se dibuja, por lo tanto, una línea de reescritura de las aventuras del caballero medieval que, de hecho, llega hasta nuestros días con la reciente versión que Calixto Bieto estrenó para la Feria del Libro de Frankfurt de 2007, y en la cual sorprendía una ambientación futurista de la obra. Sin embargo, hay que centrarse en la operación que llevó a cabo Sales, un trabajo que Ferran Soldevila, prologuista de adaptación para chicos y chicas del Tirant lo Blanc, asumió con la acción de «cortando por aquí y pegando por allí». De esta forma, Sales convirtió los cuatrocientos ochenta-y-siete capítulos iníciales en treinta-y-seis. No se trata, sin embargo, de una antología de los episodios más representativos ni de la selección de las aventuras del caballero en un lugar determinado, como más adelante harían los otros adaptadores infantiles, sino de un autentico ejercicio de reescritura que pasa por la reinterpretación y la recreación del texto de Joanot Martorell. Adaptar significa enderezar un texto literario hacia un nuevo público con la intención que influya en la forma en que los lectores leerán la obra. Las adaptaciones, lógicamente, exigen la existencia de un trabajo previo, ya que la conexión con otro texto forma parte de su naturaleza intrínseca, pero, no por este motivo, se tiene que considerar el nuevo trabajo como un texto inferior o de segundas, porque adaptar también significa crear, de forma que, los adaptadores se convierten en coautores. Todo ello se refleja perfectamente en la adaptación que escribe Sales. Así pues, los capítulos de los dos autores no presentan ningún tipo de paralelismo sino que, más bien, son el resultado de una compleja redistribución que sólo puede ser posible si se posee un dominio absoluto del texto íntegro de Martorell. Como ejemplo, podemos decir que el capítulo séptimo de Sales, llamado «El gegant Kirieleison» proviene de una hibridación entre los capítulos LXXV, LXXVI, LXXVII, LXXIX, LXXVIII i LXXX de Martorell o que el capítulo CI de la novela medieval está dividido en dos partes que serán reubicadas entre los capítulos tercero y décimo de Sales. Si bien el adaptador intenta mantener bastante literalmente las frases del autor medieval que aprovecha, para obtener un texto coherente y cohesionado tendrá que añadir fragmentos de nueva creación. Por una parte, introducirá conectores discursivos («entonces, días después») y, por otra, tendrá que escribir frases o párrafos enteros con carácter descriptivo, representativo o sintético que permitan cubrir el vacío que haya podido surgir a raíz de la eliminación de ciertos pasajes. Pero lo más sorprendente se da cuando se detecta que, más allá de estos cambios que, de hecho, podríamos considerar que vienen dictados por el mismo texto, Sales, como un verdadero re-escritor, incluso interviene en algunos detalles argumentales. La primera modificación recae en el hecho que el adaptador elimina toda la historia de Guillem de Vàroic. Mientras que Martorell dedica los primeros cincuenta capítulos a narrar la historia sobre como el conde abandona las armas para recluirse en la vida solitaria de la meditación, provocando, de esta forma, que el lector ya cuente, desde el principio, con toda la información, Sales sólo hace referencia al ermitaño en el primer capítulo y en ningún momento informa al lector que, en realidad, este hombre que ha elegido vivir en la soledad es en realidad el capitán general del ejército del rey de Inglaterra. Todavía con relación a este personaje, Sales decide convertirlo en el autor del libre Arbre de batalles, el libro que contiene todo el saber sobre la orden de caballería y que el ermitaño ofrece a Tirant, esta vez sí, en ambas obras. Sales interviene, además, sobre otros personajes, como el gigante Kirieleison, que se convierte en el hermano de leche del rey de Frisa y del rey de Polonia, mientras que en la novela medieval Kirieleison no había sido amamantado por la misma amamantadora sino que sólo se dice que había sido el protegido y favorito por el rey de Apolonia. Podríamos seguir mencionando cambios o reproduciendo creaciones procedentes de la pluma de Sales, pero cerraremos esta reflexión con unas líneas que aparecen en el capítulo XXIV «Una nit de gats» que constatan y resumen la convicción de Sales que adaptar es sinónimo de crear. A lo largo de todo el texto, el adaptador ha insistido en el recursos de la metalepsis («deixem-les ara amb el seu dol, i tornem a en Tirant”, “penseu l'alegria de les tres quan sabien la veritat!», etc.), una figura que, como ya explicó Gérard Genette, consiste en que el autor implícito rompa el flujo de la narración para apelar directamente al personaje o al lector. En realidad, ya encontrábamos esta técnica, aunque con menor frecuencia, en Martorell, pero resulta indiscutible que Sales la explota hasta el punto que el yo del narrador, un yo absolutamente inexistente en el texto medieval, se manifiestas abiertamente para convertirse en parta de la historia: «I per bé que els antics autors no ho diuen, jo entenc que amb tals col·lacions nocturnes, preses a més de les diürnes, ja podia aquell àngel d'Orient ser cantada pels poetes a causa dels bons colors de la seva cara; que a mi mateix si em daven tan regalada vida també em sortirien quatre roses i sis clavells a cada galta i no faria la cara que faig».
Traducido por Jordi Riba
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