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El perquè de tot plegat

Quim Monzó
El porqué de las cosas

¿Por qué las agujas de los relojes giran en el sentido de las agujas de los relojes?

El hombre azul está en el café, moviendo la cu¬charilla dentro de una taza de poleo. Se le acerca un hombre magenta, de apariencia angustiada.
- Tengo que hablar con usted. ¿Puedo sentarme?
- Siéntese.
- No sé por dónde empezar.
- Por el principio.
- El mes pasado seduje a su mujer.
- ¿A mi mujer?
- Sí.
El hombre azul tarda cuatro segundos en con¬testar.
- ¿Por qué viene a contármelo?
- Porque desde ese día no vivo.
- ¿Por qué? ¿La quiere tanto que quiere vivir con ella? ¿Ella no lo quiere y eso lo angustia?
- No.
- ¿Será remordimiento, quizá?
- No. Lo que pasa es que no me deja vivir. Me llama día y noche. Y si no contesto viene a mi casa y si no estoy me busca por todas partes. Me viene a ver al trabajo, dice que no puede vivir sin mí.
- ¿Y?
- He perdido la tranquilidad. Desde que la conocí no he podido quitármela de encima un solo día. ¿Usted no ha notado nada?
- ¿Cuándo la conoció?
- Hace un mes y medio. Usted estaba en Roma.
En efecto, hace un mes y medio el hombre azul estuvo en Roma.
- ¿Usted cómo sabe que yo estaba en Roma?
- ¿No me cree? Me lo dijo ella, cuando la conocí. La conocí en un cursillo de informática.
En efecto, aprovechando que el hombre azul es¬taba en Roma, la mujer hizo un curso de informá¬tica.
- Bueno, ¿y qué quiere?
- Que me ayude a zafarme. No es que su mujer no me guste. Es extraordinaria, inteligente, sensual. ¿Qué vaya decirle? Pero...
- Es muy absorbente.
- ¿Verdad que sí? -dice, contento, el hombre magenta al ver que el hombre azul lo comprende.
- Tiene ganas de quitársela de encima.
- Francamente, sí.
- No lo deja en paz ni un momento, ¿no? Si lo ve solo, fumando, tomando el fresco, leyendo el diario, estudiando, mirando el programa de televisión que más le gusta, inmediatamente se le echa encima y empieza a hacerle carantoñas.
- Además, si no estás absolutamente pendiente de ella cree que molesta y se pone de esa manera que se pone. Por eso, aunque sé que no tengo nin¬gún derecho, quiero pedirle un favor: hable con ella, móntele una escena de celos, amenácela. Lo que sea. Cualquier cosa con tal de que no nos veamos más.
- ¿De veras se la quiere quitar de encima?
- Sí, por favor.
- Nada más fácil. Haga como yo. Deje de rehuirla, no se esconda, sea amable, tierno, considerado. Há¬gale más caso que ella a usted. Llámela, dígale que la quiere como no ha querido nunca. Prométale que le dedicará la vida entera. Cásense.

Traducido por Marcelo Cohen
Quim Monzó, El porqué de las cosas. Barcelona: Anagrama, 1994
Quim Monzó
Comentarios sobre la obra
Guadalajara (1996)
por Steven G. Kellman
La magnitud de tragedia
por Matthew Tree
Tres Nadals
por Julià Guillamon
Fragmentos
Gasolina
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Mi hermano
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El porqué de las cosas
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La literatura
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Vida matrimonial
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