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La jungla sentimental

Jordi Teixidor
La jungla sentimental
Escena 6


Piccó: Ave, tesoro. Anúncieme, si es posible, a la señorita V.F.

Miriam: Servidora de usted.

Piccó: Deploro la confusión y abordo los preliminares. Enterada por carta de su decisión de revelar ciertos informes confidenciales, la empresa a la que estoy adscrito me delega. Me tiene a su entera.

Miriam: La cita, si no yerro, es a las doce.

Piccó: Son en punto. Paloma, advierto sin ambages que mi presencia en su quicio puede levantar sospechas. ¿Paso?

Miriam: Penetre.

Piccó: Con la venia.

Miriam: Disimule el desorden, la raspa me plantó ha poco y el piso anda revuelto.

Piccó: Me hago el sueco, considere que la importancia del negocio me dispensa de reparar en minucias.

Miriam: Tome asiento y otórgueme un instante. Comparezco en el acto y en atuendo más conveniente. (Saliendo.) Un día espléndido, ¿no le parece?

Piccó: Portentoso, en efecto, y para la estación, insólito.

Miriam (desde fuera): Tiene usted mucha prisa, señor... No me ha instruido de su gracia, creo.

Piccó: Frederic Piccó, a sus órdenes.


Miriam entra con el brazo extendido. Se ha quitado el pañuelo y el delantal. Luce un negligé y su aspecto es ligeramente frívolo. Piccó se ve obligado a besarle la mano.


Miriam: Halagadísima. Me llamo Verónica. ¿Sediento, Frederic? Sin cumplidos.

Piccó: Un poco, no lo niego.

Miriam: ¿Whisky? ¿Gin?

Piccó: Whisky, claro.

Miriam: ¿Cubitos?

Piccó: Un par.

Miriam: ¿Agua?

Piccó: Un dedo.

Miriam: “Scotch” de importación.

Piccó: Es mi marca.

Miriam: Voilà.

Piccó: Chin.

Miriam: Chin.

Piccó: Perfecto.

Miriam: ¿Hablamos de negocios, caro?

Piccó: Al grano, sirena.

Miriam: ¿Ensalivados por el informe?

Piccó: En principio. ¿De qué se trata?

Miriam: Horario y ruta de la expedición.

Piccó: ¿Qué sabe al respecto?

Miriam: Conozco un iniciado.

Piccó (la sujeta): Ojito, muñeca, no nos des dentera que andamos cortos de correa y tenemos la torta fácil.

Miriam: No se me pique, macho.

Piccó: Escupe.

Miriam: Si no levanta los dátiles, soy muda.

Piccó (soltándola): Desde que las hembras invaden el coto laboral, hay que llevarse los guantes al tajo. Barrunto que tienes precio. ¿Cómo te llamas? (Miriam intenta abofetearle. Él la sujeta el brazo y se lo retuerce.) Frena, minina, has optado por el trato versallesco. Envaina las uñas y suelta la gallina.

Miriam: Bestia, me partes el remo.

Piccó: ¿Me das línea?

Miriam: Tú ganas. (Se sienta y toma un sorbo.)

Piccó: Espero el testimonio.

Miriam (sacándose un papel del escote): Es la dirección. Hoy, a las tres y media, estará un tal Rocky. Conoce el horario y la ruta de la expedición. Quitadle las gafas, es miope como un topo, y sin cristales se desnorta. No hace falta pujar, sólo cantará a trompazos.


Piccó se guarda la nota en el bolsillo.


Piccó: ¿Quién avala el atestado?

Miriam: Lo subscribo a título personal. Se toma o se deja.

Piccó: Si esperas tomarnos el rizo, reconsidera. Podríamos abrirte un ojal.

Miriam: Mantengo lo susodicho.

Piccó: ¿Qué cosa la impulsa, Verónica? (Se acerca a la ventana con el vaso en la mano.) ¿Venganza? ¿Celos? ¿Pasta?

Miriam: Paro forzoso con motivo de cierta crisis sectorial, expediente y reconversión de empresa. Figúrese, decían que si un modus vivendi para tota la vida... Necesito una mano. Mejorando lo presente, soy taquimeca, busco empleo y contraigo méritos.

Piccó: Noble actitud.

Miriam: ¿Puedo esperar que hable de mí al jefe de personal?

Piccó: Prometido.

Miriam: ¿Tengo posibilidades?

Piccó: Ostente abnegación, constancia y desinterés. Si cumple como promete y la operación resulta, entra usted en nómina.

Miriam: Por mí no quedará.

Piccó: Lanzada a las confidencias, Verónica, disuélvame una duda. ¿Cómo captó usted la onda?


Suena el teléfono en la otra habitación.


Miriam: Sorry. (Saliendo.) Sírvase otro whisky, Frederic.


Piccó se levanta. En este momento el cuadro de la pared se desplaza como por encanto y descubre el collar alojado en una hornacina. Piccó lo saca del hueco y lo examina. El cuadro vuelve inesperadamente a su sitio, y Piccó intenta en vano desplazarlo de nuevo. Finalmente renuncia, se guarda el collar en el bolsillo y abre el mueble bar. Regresa la falsa Verónica.


Miriam: Perdona la interrupción, Frederic. Oh, te lo ruego, estás en tu casa.

Piccó: ¿Le sirvo otro?

Miriam: Por favor. (Piccó le da un vaso.) Gracias.

Piccó: No se merecen. (Se sientan.)

Miriam: ¿Dónde estábamos?

Piccó: Ah, sí, ¿cómo obtuvo usted el informe?

Miriam: Un buen informador no descubre sus fuentes.

Piccó: Discreción y prudencia, valiosas prendas. (Se levanta.) Verónica, celebro haber tenido el placer.

Miriam: ¿Tan pronto, Frederic?

Piccó: No quisiera abusar y me despido.

Miriam: Arrellánate, saborea tu whisky y echemos un párrafo. Pronto la sudaremos juntos, compañero. (Le estira una manga.) De hecho, hemos establecido ya contacto y podemos quemar etapas.

Piccó: Señorita, soy casado.

Miriam: Creía que los duros como usted abominaban el matrimonio.

Piccó: Algunos somos adeptos. Tengo la propia a punto de romper aguas.

Miriam: ¿Es primeriza?

Piccó: En efecto.

Miriam: Que sea leve.

Piccó: Agradecido. (Inicia el mutis.)

Miriam: ¡Eh! ¡Su violín!...

Piccó: El violín, claro. Repito.

Miriam: Hasta la vista, y suerte.


Piccó sale. Miriam le acompaña hasta la puerta, cierra, va a buscar el teléfono, se recuesta en el sofá y marca.


Miriam: ¿Papá?... Sí, tragó como un pardillo. Chao.


Oscuro.


Traducido por Jordi Teixidor
Jordi Teixidor, La jungla sentimental. Estreno. Cuadernos del teatro español contemporáneo, vol. V, núm. 2, tardor de 1979, p. T8-T9.

Jordi Teixidor. Copyright Colita, Arxiu Familiar
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