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Les roques i el mar, el blau

Los orígenes
«Todo, lo que vemos y lo que se nos oculta, comenzó, si es que comenzó, de modo muy confuso», dijo Arístocles a su hijo Euforión, lo bastante joven para interesarse aún por toda clase de cosas y fenómenos. «El mayor de los poetas asegura que todos los dioses nacieron del Océano y de su esposa Tetis. De tener razón, el primer elemento sería el agua, y mira, pues, qué sensatos somos siendo pescadores. Pero Hesíodo, que no olvidemos que era beocio, y además payés, y por añadidura empeñado en pleitear contra un hermano suyo, alude al Caos antes que nada y lo imagina, parece, como un espacio ilimitado, abierto y vacío. Gea, la materia terrestre, de seno fecundo, surgió después y, antes de tomar más clara forma, quién sabe si llenó el mencionado vacío y fue al mismo tiempo colmada por él. Incomodísimos, el Caos y Gea reñían sin pausa. El también primordial pero más tardío Eros se encargó de buena fe del matrimonio, dominó de momento, por persuasión, la doble violencia, tan ruda, con la que se encaraba y procuró, al suavizarla, neutralizarla para siempre, con sabios consejos. Del Caos, tal vez cuando estaba solitario, surgieron el Érebos y la Noche, principios macho y hembra de la oscuridad. Eros consiguió con mónita que las tinieblas, bien avenidas y mezcladas, engendrasen, como por distraído milagro, a una pareja luminosa, Éter y Hémera. De toda esa mescolanza y de otras posteriores y a menudo incestuosas, mezclas que no comprendo ni poco ni mucho, fue lentamente creado, dicen, un sinnúmero de otras divinidades. Por mi propia reflexión deduje, sin embargo, que la Moira, sorda, ciega, inexorable y tranquila, precedió al Caos y le impuso su esencia, que es la Ley. Nada hay por encima o al margen de la Ley y de las leyes, fíjate. Pero definirla o definirlas es un esfuerzo tan superior a mi razón, que la inteligencia y la voz acatan y enmudecen. Sólo te añadiré, y no improviso el precepto, que todos somos esclavos de la ley, para poder ser libres.» Y Arístocles, concluyendo de pronto su tan indocumentada, incoherente, atragantada, embrollada, dispersa y necia peroración, se quedó en seguida tan sosegado y quieto como la gallina después de poner el huevo.

Traducido por Mireia Carulla Mur i Julia Goytisolo
, Los orígenes
. A: Años de aprendizaje. Obras completas: Narrativa/4: Las rocas y el mar, lo azul. Las sombras. Traducció de Mireia Carulla Mur i Julia Goytisolo. Barcelona:
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