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Elegies de Bierville

Carles Riba
"¡Súnion! Te evocaré desde lejos..."
II

¡Súnion! Te evocaré desde lejos con un grito de alegría,
a ti y a tu sol leal, rey de la mar y del viento:
por tu recuerdo, que me yergue feliz de sal exaltada,
con tu absoluto mármol, noble y antiguo yo como él.
¡Templo mutilado, desdeñoso de las otras columnas
que en el fondo de tu salto, bajo la ola riente,
duermen la eternidad! Tú velas, blanco en la altura,
por el marinero, que por ti ve bien dirigido su rumbo;
por el ebrio de tu nombre, que a través del desnudo monte bajo
va a buscarte, extremo como la certeza de los dioses;
por el exiliado que entre arboledas sombrías te vislumbra
súbitamente ¡oh preciso, oh fantasmal! y conoce
por tu fuerza la fuerza que le salva de los golpes de azar,
rico de lo que dio, y en su ruina tan puro.


RIBA, Carles. “Elegía II”, a Elegías de Bierville. Elegies de Bierville [edició bilingüe]. Pròleg de J. A. Goytisolo. Traducció d’Alfonso Costafreda. Barcelona: Edicions del Mall, 1985, p. 46-47.


IV

Pura en la soledad y en la hora lenta, una mujer
hace resbalar, con movimiento de árbol o de grito amoroso,
a lo largo y dulce de sus brazos alzados, la túnica. Mientras
brilla ya el torso secreto, queda cautiva en el lino,
en lo alto, la cabeza. Un instante o dos. ¡Ah! ¿bastan para romper
oscuramente el lazo entre la bella y este
tímido junio que de ella, desnuda en la ola, esperaba
alegría e impulso fluvial para hacerse perfecto? ¿Han bastado,
para que tú, imponderable cosa de oro y mirada,
cabeza, flor erguida, salgas vaga —y talmente recelando,
ahora, las nadas del silencio que antes eran venturosas
cómplices? Un cuclillo canta de súbito, inocente.
Ella sonríe. La sangre juvenil del mundo vuelve a correr,
salta, brusca, con el salto de la magnífica, y va
tiempo abajo, hacia soles más maduros —y ella nada ¡oh ritmo!
hacia el verano excesivo— ¡ella y los dioses y mis ojos!


RIBA, Carles. “Elegía IV”, a Elegías de Bierville. Elegies de Bierville [edició bilingüe]. Pròleg de J. A. Goytisolo. Traducció d’Alfonso Costafreda. Barcelona: Edicions del Mall, 1985, p. 54-55.


IX

Para Pompeu Fabra


¡Gloria de Salamina roja sobre el mar en la aurora!
¡Dormidos en el viento de Queronea, cipreses!
Esplendor para los ojos o melancólica estampa,
grito de arribada o fuego bajo la ceniza de un nombre,
¡lugares! mi presencia con corazón violento os completa,
¡palabras! mi voz sedienta os vuelve llenas.
Si en mi cuerpo carnal solamente un triunfo inefable
pudo engendrarme contra la noche y la nada
(entre los brazos de mi padre ¡oh madre en la luz y en la Gracia,
pura presa en el puro comienzo de mis años!)
no hacía falta victoria con humillación de reinos
ni importaba un ocaso vacío de la fuga y la sangre,
para que fuese dejada en el surco incansable de los siglos
la furiosa semilla para mi ser civil.
Lo que fue necesario y bastaba, es que unos hombres sintieran
que no hay fasto más dulce que ser y gustarse uno mismo;
simplemente, sutilmente que supiesen que no hay inútil
espíritu alguno, si crece libre en su virtud;
que para poder llegar a ser lo que querían sus dioses, en la forma
viva de lo que eran ya desde las raíces de sus muertos,
consintiesen en hacerse ¡ellos, los diversos! iguales en las armas,
por la ley persuadidos, ellos que se dictaban las leyes,
y a la fuerza más fuerte que oprime o que inunda, opusiesen
la razón que se conoce y la acometida viril.
Hombres que intentasteis y realizasteis acciones más que humanas
para merecer el orgullo de ser y llamaros humanos,
yo me reconozco entre los hijos de vuestras siembras ilustres:
sé que no fuimos hechos para un bestial destino.
La libertad adquirida en la apasionada búsqueda
de lo que es verdadero y justo, y con sobreprecio de dolor,
nos enseñasteis que dondequiera que sea del mundo es salvada, se salva
para todo el linaje de aquellos que la quieren ganar;
y que si en algún lugar es vencida y su luz es cubierta
por la tempestad o la noche, toda la tierra sufre.
Sí, pero la esperanza maravillosa muere,
grita, más real que la tiniebla o que la estrella
—huesos decepcionados y la heroica pira en el anochecer
desesperado— para muchos parece en principio una fe;
sólo que espera menos y arranca desde todos los exilios
hacia su grito, y los vencidos van reencontrándose soldados.

Traduit par Alfonso Costafreda
Carles Riba, "¡Súnion! Te evocaré desde lejos...". a: Elegías de Bierville. [edició bilingüe]. Pròleg de J. A. Goytisolo. Barcelona: Edicions del Mall, 1985, p. 80-83.
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