Facebook Twitter

Víctor Català

Visat núm. 7
(abril 2009)
por Jordi Castellanos
Caterina Albert y Paradís (L'Escala 1866-1969). Escritora, conocida con el pseudónimo de Víctor Català, adoptado tras el escándalo que provocó, en los Juegos Florales de Olot de 1898, el hecho de que le fuera premiado el monólogo La Infanticida, que los sectores conservadores consideraron impropio de una chica.
La adopción de un seudónimo masculino —una estrategia generalizada entre las escritoras de la época— fue una artimaña para preservar su libertad y, por tanto, la autenticidad de su obra; y cuando, tras la publicación de Drames rurals (1902), se descubrió el juego, quiso mantenerlo como exponente de su personalidad literaria, a la vez que se construía una personalidad «privada», con su nombre propio, que quiso siempre diferente y separada de la otra.

Porque Víctor Català, hija de terratenientes de L'Escala, a pesar de su formación más bien autodidacta, demostró ya desde sus primeros escritos una sorprendente seguridad como escritora: estaba al día de las novedades que había aportado el Modernismo y se incorporó al movimiento con una actitud militante de forma que, en el momento de escoger una plataforma literaria, optó por una revista innovadora como Joventut. La revista —y editorial— le publicó la novela Solitud (1905), su obra más importante; y, además, la recopilación de narraciones Caires vius (1907).

Aun así, con la conciencia de dirigirse a un público diferente, burgués y femenino, aceptó también colaborar regularmente con la Il·lustració Catalana, que le publicó la recopilación de poemas Llibre Blanc (1905). Esta colaboración, al desaparecer Joventut y consolidarse las posiciones estéticas del Novocentismo, bien alejadas de las suyas, fue haciéndose más estrecha: adopta entonces Víctor Català posiciones antinormativas, preside los Juegos Florales de Barcelona de 1917, forma parte de la Academia de la Lengua Catalana y es elegida miembro de la Real Acadèmia de Bones Lletres de Barcelona. A pesar de este enfrentamiento con los sectores jóvenes del momento, su figura es reconocida y, por fin, respetada, como demuestra la extensa entrevista que le dedica el 1926 Tomàs Garcés en la Revista de Catalunya.

Fundamentalmente, su obra no cambia: en buena parte, ya era escrita o esbozada en los primeros años de siglo. El único intento de renovación formal, acercándose al cine, es la novela Un film (3000 metros), publicada en volumen el 1926. En 1920 había publicado una nueva recopilación de «dramas rurales», Madre-Ballena, al cual siguieron Marines (1929) y Contrallums (1930).

La guerra, entre 1936 y el 1939, la sitúa en una posición difícil: su casa es saqueada y, por lo tanto, acoge con buenos ojos la victoria fascista, que interpreta como si se tratara de una expiación. Incluso publica Retablo (1945), una recopilación de prosas traducidas al castellano. Poco después, no obstante, toma posiciones inequívocas en relación con la lengua y publica Mosaic (1946), que forma parte de una serie de recuerdos que han permaneciendo inéditos. Siguen, en 1949, Vida mòlta, y el 1951, Jubileu y, bien que con muchas carencias, las Obres Completes.

Convertida en símbolo viviente, le es reconocida la maestría: se instituye, dentro los premios de Santa Llúcia, el que trae su nombre y, el 1960, se le rinde homenaje con la publicación de la recopilación colectiva Els set pecats capitals vistos por 21 contistes. Al enfermar, los últimos años vivió en L'Escala sin prácticamente moverse de la cama.

Aun cuando escribe teatro (especialmente el monólogo La infanticida) y poesía, la importancia de la obra literaria de Víctor Català proviene de la narrativa y, sobre todo, de la novela Solitud. Con Drames rurals, en 1902, había iniciado una forma de narración intensa, concentrada, que era, sobre todo, el resultado de los principios estéticos de la narrativa modernista: la temática rural y el tratamiento buscaban potenciar, no paso el análisis naturalista, sino la visión sintética o, mejor, simbólica de la realidad humana.

Así, muchas de sus narraciones se acercan a los temas de la crónica negra: violencia, crímenes, venganzas, etc., con el objetivo, sin embargo, de traducir el drama humano, el horror ante del dolor y de la muerte; y, en el extremo inferior, la imposibilidad del hombre de escapar de su destino. Voz, en los conflictos de la ruralidad, la autenticidad humana que el artificio ciudadano esconde.

Justamente porque el tema central es el de la identidad del individuo, su obra toma una especial significación cuando se enfrenta a la situación de la mujer, un tema presente en toda su narrativa pero intensificada en los últimos libros. La marginación que sufre la mujer y que la convierte en víctima, ayuda al nacimiento de la conciencia moral. Este hecho, no obstante, ahorra la tragedia. Al contrario: la hace más viva, tal y como demuestra su novela Solitud, sin duda una de las piezas literarias más importantes de la literatura catalana contemporánea.
Traducido por Miguel Ángel Muñoz Zammit
Víctor Català
Comentarios sobre la obra
Solitud (1905)
por Jordi Castellanos
Fragmentos
Agonía
Català
Contraluz
Català
Solitud
Català | Deutsch | English | Romanès
Reseñas
Bibliografía
Otros
Buscador de autores
A-B-C-D - E-F-G - H - I
J - K - L - M - N - O - P - Q - R
S-T-U-V-W-X-Y-Z
Traducciones de la literatura catalana
Pueden consultar más páginas sobre la literatura catalana en traducción en:
Con el soporte de: