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Narcís Comadira

Visat núm. 10
(octubre 2010)
por Dolors Oller
La obra poética de Comadira es extensa y diversa. La variedad de figuraciones y la diversidad de tesituras que componen su poesía construyen una sofisticada, pero a la vez natural mezcla de registros narrativos y dramáticos que confieren una especial característica dialógica a un tejido verbal eminentemente lírico.
 

Diversidad de motivos y de temas, diversidad de registros lingüísticos y formales, diversidad en las figuraciones de la voz y en las tesituras de sus enunciados. Y, aún así, se trata de una obra que, observada ya en su conjunto, ofrece una profunda coherencia: una línea nuclear de sentido narrativo y de argumentos que se puede recorrer mediante la reflexión que suscitan los títulos que encabezan los sucesivos libros de Comadira. Reflexionar sobre el significado nuclear de cada título que integra el corpus poético comadiriano y comprobar la secuencia argumental que lo forma es una buena estrategia para entender el flujo de los motivos temáticos que imperan en su poesía.

Los temas comadirianos, entrañablemente reales, de sentimientos y experiencias unánimes, se podrían describir como los inherentes al paso del tiempo, a sus efectos y también a sus inclemencias. Así mismo, aparece también, y con una intensidad notable, la reflexión sobre la poesía misma, y sobre la difícil misión de los poetas, hoy en día, y del oficio de escribir: tradición y talento individual, memoria y pensamiento original, y un saber artesano y un sentido ecuménico. Todos estos elementos componen una liturgia, la liturgia por la cual se canta la presencia de la vida de los seres en el mundo, y con la cual se intenta dar forma a las diferentes experiencias que constituyen esta vida.

Lo que caracteriza a la poética de Comadira es la precisa y siempre significativa selección de sus figuraciones formales. A veces entrañablemente sentimental y otras desesperadamente nihilista, a veces irónico y otras patético, el discurso poético de Comadira se configura según una convención siempre elegante, pero con un pathos de sinceridad emotiva que no puede ser compartida mas que desde una lectura conmovedora. El uso del collage y de la intertextualidad, la ágil creación de correlativos objetivos potentes, un pensamiento metafórico de lógica impecable, la violación de la lógica discursiva, la cual —y sobre todo en sus poemas de reflexión más larga y sostenida— proporciona la experiencia viva de un discurso que surge como impulsado por una meditación íntima, son algunas de las estrategias formales que producen un discurso de alta intensidad. Además, la inspirada utilización de diferentes convenciones y tradiciones poéticas se da como un recurso energético, de reflexión metapoética que denota una voz inscrita en una realidad actual y que se reconoce en una actitud de pura contemporaneidad. Efectivamente, Narcís Comadira es un poeta que combina la fuerza expresiva de sus figuras de dicción con unas formas de pensamiento profundas y nítidamente precisas. En su universo poético, la belleza es precisión, y la precisión imaginativa de Comadira conmueve porque persuade la conciencia lectora de que aquello que se le aparece es irrefutable.

Vista en su conjunto, la poética comadiriana se distingue por una simbiosis perfecta entre una depurada operación técnica, que consiste básicamente en el uso de un tejido verbal de una gran riqueza y precisión descriptiva y visual, y una notable capacidad imaginativa para transfigurar y hacer subjetivos los objetos y las relaciones que pueblan sus paisajes temáticos. La variedad de tesituras y la diversidad de figuraciones confieren a la poesía de Comadira una sofisticada, pero a la vez natural mezcla de registros narrativos y dramáticos, y una especial característica dialógica. Consigo misma o con una alteridad siempre presente, la acción enunciativa comadiriana se despliega en un diálogo permanente. En su poesía, todo habla, todo aporta sentido: la cisterna transfigurada en cueva de amor en tierras de sequía extrema, el testigo lúcido de los pequeños ásters, la dignidad de los iris azules, la resistencia de los árboles, las distintas formas de vida animal. Y todas las voces exponen, reclaman, profieren, observan y esperan respuestas. Esperan una respuesta que se hace presente en la ausencia. Es precisamente la semantización de la paradoja, uno de los recursos figurativos comadirianos más fértiles para dar forma a una experiencia poética hiperreal, del ámbito de la razón visionaria.

Esta estrategia retórica hace que el discurso poético se transforme en una conversación, en la cual la experiencia subjetiva, unas veces en forma de meditación íntima, otras en forma de diálogo y otras como una indagación de contrarios, se convierte en intersubjetiva. De algún modo, el proceso lírico iniciado desde un origen radicalmente subjetivo se despoja de toda personalidad y se convierte en un receptáculo que puede formalizar las mil caras de una experiencia común. De aquí que la lectura de la obra de Narcís Comadira nos introduzca en este espacio privilegiado de relación con la alteridad donde, como dice Gerard Genette, «la existencia universal toma, pierde y finalmente vuelve a recobrar conciencia».

Catalan Writing 4 (junio 2008)

Traducido por Elisabet Carbó
Narcís Comadira
Comentarios sobre la obra
En quarantena (1990)
por Denise Boyer
Usdefruit (1995)
por Denise Boyer
Fragmentos
Apareix, de sobte...
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