Josep Carner

Visat núm. 2
(octubre 2006)
por Pere Ballart
Cuando en el año 1957, Josep Carner (Barcelona, 1884 – Bruselas, 1970) recopiló, revisada toda su producción poética anterior, –más de medio siglo de escritura lírica refinada, sensible y, sin duda, profundamente humana-, quizá no era lo suficientemente consciente de hasta qué punto dejaba en herencia, a la literatura catalana del siglo XX, uno de sus legados poéticos más perdurables y valiosos.

Escritor extraordinariamente precoz, Carner logró un indiscutible protagonismo en la escena literaria del primer cuarto de siglo y un papel central en la promoción del ideario cultural, regeneracionista y cívico, conocido como Novecentismo. Estas circunstancias lo llevaron a ser considerado el primer poeta catalán. Con el ingreso al cuerpo diplomático en el año 1921 y con el posterior abandonó del país, Carner tubo que instalarse varias veces entre Europa y América, hasta que la situación política española, con el ascenso de la dictadura franquista, le obligó a un exilio definitivo.

Poeta fundacional y gran renovador de la lengua catalana como instrumento literario (que enriqueció también como traductor). En su larga trayectoria sus mejores títulos son Auques i ventalls [Aleluyas y abanicos] y La paraula en el vent [La palabra en el viento] de 1914, El cor quiet [El corazón callado] de 1925, La primavera al poblet , Nabí de 1941, un extenso poema narrativo sobre el profeta Jonás, Llunyania [Lejanía] (1952) y Absència [Ausencia] (1957).

Es imposible valorar la obra poética de Carner sin mencionar a una equívoca recepción de su poesía. Las formas de Carner en sus primeros libros se convirtieron en algo inamovible dentro de las expectativas de lectura de la gente del país. Unas formas que han continuado siendo atribuidas a todo lo que escribió, a pesar de haber prácticamente desaparecido en la mayor parte de sus últimas composiciones. En efecto, hay algunos rasgos inconfundiblemente propios de sus versos de juventud, como la prodigiosa vivacidad métrica, el localismo y la naturaleza “menor” de las anécdotas, una dicción juguetona con un punto de prudente sátira urbana y, en general, un despreocupada jovialidad que emocionó el alma de los lectores, debido a la peculiaridad de la propuesta que representaban. No obstante, poco a poco, una creciente sobriedad se iba imponiendo en sus nuevas colecciones, sobretodo, cuando el poeta se alejó físicamente de Cataluña, momento en que su poesía se convierte, según la opinión de uno de sus mejores lectores, el también poeta y crítico Gabriel Ferrater en «una poesía mediativa, severa y casi opaca, quizá derivada de modos ingleses victorianos». De este segundo Carner es típico un poema de una ejecución formalmente clásico, una dicción muy estilizada y sobretodo una singular impersonalidad en la presentación de la anécdota: como muy bien remarcó Carles Riba, a partir de los poemas de Carner, no es posible construir una biografía, ni siquiera sentimental, por el hecho de ser un poeta único con su “don incansable de objetivación lírica”. En este mismo sentido, cabe destacar la estimación del poeta por el mundo sensible, incluso cundo lo que describe pertenece al dominio de lo más abstracto. Es así, con la ayuda de sus propios materiales y de su comuna experiencia de la realidad, como Carner consuma un movimiento que, des de la más aparente trivialidad, dispara el poema en dirección a lo más profundo y trascendente: de la realidad más exterior a la emoción más arraigada.

La excelsa cualidad de la poesía de Carner (muy por encima, por cierto, de su producción prosística y dramática, de menor interés) parece que, en las circunstancias propias de una literatura normal, tendría que ser reconocida de forma unánime y ininterrumpida; es remarcable, sin embargo, la tendencia a convertir su figura en el blanco de una periódica y recurrente desvaloración en algunos sectores intelectuales poco receptivos a su auténtica complejidad. Al intentar contarnos este fenómeno, se nos despierta definitivamente la rara condición del arte carneriano. A la dificultad por eliminar la visión esteriotipada, que propiciaron sus primeros volúmenes, se añade el aislamiento de su propuesta expresiva. En época moderna, momento en qué la poesía se ha encerrado en interiores domésticos, urbanos, él defiende la discreción y la humildad. Ante una estética, finalmente, de identidades narcisistas, construye una poética aconfesional, contraria a la efusividad y al autobiografismo, en un proceso que se acerca al descrito por Eliot cuando se refirió a la “evasión de la personalidad”. No obstante, quién sepa sobreponerse a tantas rarezas, obtendrá el premio de ver desplegarse la palabra de un poeta a quien las formas de la realidad le han permitido hasta hoy, convertidas en símbolos, expresar sus propias emociones y hacerlas llegar, cordialmente, piadosamente, a todos aquellos lectores con quien comparte idioma.

Traducido por Eva Perarnau
Josep Carner
Fragmentos
A una font, en la nit
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Cor fidel
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Isla
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Nabí (espanyol)
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Ostende, 31 desembre 1949
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