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Manuel Molins

Visat núm. 9
(abril 2010)
por Francesc Foguet
Manuel Molins (Alfara del Patriarca, Valencia, 1946) es uno de los dramaturgos más felizmente «excéntricos» del teatro catalán contemporáneo. Inició su trayectoria teatral como autor y director de escena en el mítico Grup 49, una de las compañías más castigadas por la censura franquista y postfranquista.
 

Dansa de vetlatori (1978), Joan Joan (inédita) y Quatre històries d’amor per a la reina Germana (1986) son algunos de los textos que estrenó —en 1974, en 1978 y en 1981, respectivamente— con este grupo de teatro independiente que hacía suyo desde el drama épico hasta la tradición cómica o lírica valencianas, pasando por el teatro documento o el patrimonio popular. Se trata de una dramaturgia «subversiva», comprometida con la realidad histórica y social del momento, que quería recuperar la «otra memoria» del País Valencià, esa memoria escamoteada o mistificada durante cuatro décadas de dictadura.

A partir de los años ochenta, mientras se consolida como uno de los «hombres de teatro» de referencia de la escena valenciana, Molins amplía y diversifica sus intereses dramatúrgicos. Sin dejar, naturalmente, de escribir teatro polémico y combativo, alejado de las corrientes hegemónicas. Desde una óptica histórico-crítica, ofreció una disección de la erótica del poder coetánea en Centaures (1985), inspirándose en el legendario de los Borgia, y en Ni tan alts, ni tan rics... (1989), donde los dardos apuntan a las generaciones «instaladas» en los centros de decisión económica y política. Acentuando la visión esperpéntica, en Ombres de la ciutat (1992), una crónica dantesca del infierno nocturno de Valencia, escarnece nuevamente a las capas dirigentes de esta urbe mediterránea. Como también lo hace en Tango (1985), en clave de melodrama, y en La divina tramoia (2006), una desleída farsa celestial donde la llamada «transición política» —tan cuestionada por los historiadores en los últimos tiempos— se encuentra en el punto de mira.

Paralelamente, desde una perspectiva más filosófica, Molins incluyó tres textos escritos en la década de los setenta y ochenta en un único volumen que lleva por título Trilogia d’exilis (1999): Diònysos, Els viatgers de l’absenta y La màquina del doctor Wittgenstein. Si en Diònysos plantea el fracaso del culto a la Razón moderna a partir de la figura del filósofo Friedrich W. Nietzsche, Els viatgers de l’absenta y La màquina del doctor Wittgenstein se centran en el fracaso de la Utopía y de la Ética modernas; en este caso mediante Paul Verlaine y Arthur Rimbaud, en la primera, y de Ludwig Wittgenstein, en la segunda. Estas tres piezas, que forman el «ciclo dionisíaco», son el exponente programático más elaborado de un pensamiento crítico, antidogmático y de una poética abierta, ecléctica. Así, la exploración estética va unida a la búsqueda de una nueva utopía y una nueva ética que den sentido y densidad a las palabras, y que permitan pensar de otro modo la modernidad agónica y deudora de la fe ilustrada, que tantos estragos ha causado.

Coherentemente con su compromiso intelectual, otro de los ejes temáticos de la dramaturgia de Molins es la migración de los más pobres atraídos por la ilusión de la opulencia y la confrontación de identidades, individual versus colectiva, que pone en juego. Lo ejemplificarían textos como Abú Magrib (2002) y Elisa (2003), donde se identifica metafóricamente a «los otros» como una «enfermedad» que irrumpe en las «inmaculadas» sociedades de acogida, a pesar de que éstas se aprovechen todo lo que puedan. Elisa lleva a escena la inmigración de los «murcianos» a Barcelona en los primeros años sesenta, tomando como referencia al poeta Jaime Gil de Biedma, mientras que Abú Magrib —como veremos más adelante— indaga sobre la repulsión de los «otros» en la Europa de los primeros años noventa del siglo XX.

También vale la pena destacar la atención que Molins dedica a William Shakespeare y que se manifiesta, además de algunas versiones o adaptaciones, en piezas inspiradas en su obra, como Shakespeare (la mujer silenciada) (2000 y, en catalán, 2010) y Una altra Ofèlia (2005). En ambas, las protagonistas femeninas —la hipotética hermana de Shakespeare y una Ofelia más cercana— pasan a primer término para cuestionar el mismo Gran Will (primera escena), o una de sus creaciones más enigmáticas, el vacilante y fatídico Hamlet. En el diálogo permanente que Molins aviva entre la tradición y la modernidad, no sólo Shakespeare —o Nietzsche, Verlaine, Rimbaud o Wittgenstein— es visto como un contemporáneo: también lo son Joan Fuster y Vicent Andrés Estellés, dos de los referentes intelectuales a quienes ha dedicado dramaturgias de reconocimiento. Asimismo, entraría en la reflexión, llamémosla metateatral, una obra como Sabates de taló alt (2007), un auténtico homenaje a la ambivalencia del teatro como punto de encuentro de lo grotesco y de lo sublime de la existencia humana.

En los últimos años, los nódulos temáticos de la dramaturgia molinsiana se han ido ramificando considerablemente, sin dejar de insistir en una escritura que ahonda en el pensamiento crítico, en la especulación ética y estética. Al lado de Combat (l’última cinta de Maria Callas) (2006), donde la célebre diva operística compartiría el yo multipolar de Verlaine y de Rimbaud, Molins propone el El ball dels llenguados / El baile de los lenguados / The Dance of Soles (2006), una parodia —construida a partir de El banquete platónico— de algunas de las perversiones de la posmodernidad más letal. Al lado de un texto sobre los nuevos desafíos de la educación como sería Monopatins (Skaters) (2006); Dones, dones, dones (2009) parte del mito de Hécuba para tejer un alegato a favor de la plenitud y de la libertad del género femenino, mientras que Bagdad (dones al jardí) (inédita) denuncia las maldades de la guerra de Irak. Además, retomando el filón más filosófico, Blut un Boden (Sang i Sòl) (inédita) enfoca la figura de Heidegger para indagar sobre su controvertida filiación nazi i la influencia de su pensamiento en la Europa actual.

Ciertamente, la «excentricidad» ideológica y estética de Molins lo mantiene al margen de las «tendencias» dominantes desde los ochenta hasta la actualidad, y de los grupos de poder y de influencia teatrales. En contrapartida, sitúa su escritura en el centro de las preocupaciones filosóficas y de las paradojas políticas y sociales de la contemporaneidad. Es natural que así sea. Molins va por libre. Lejos de modas, de mercantilismos y de prebendas, su dramaturgia lúcida y lúdica, romántica y razonada, incisiva y extrema, quiere participar —y a esto se le llama riesgo— en los grandes debates del siglo XXI. Desde un compromiso con una sociedad y una cultura concretas: las de su pueblo.

Traducido por Elisabet Carbó
Manuel Molins, 2010. Foto: Àngels Domingo
Comentarios sobre la obra
Abú Magrib
por Francesc Foguet
Fragmentos
Abú Magrib
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Monopatins (Skaters)
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