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Bernat Desclot

Visat núm. 6
(octubre 2008)
por Stefano Maria Cingolani
Bernat Desclot es el principal cronista de la fase más expansionista de la Corona de Aragón. No sólo relata las empresas de Jaime I de Aragón en Mallorca y Valencia (1208-1276), sino que es el testimonio principal de las de su hijo, Pedro III de Aragón (1276-1285): la conquista de Sicilia, a consecuencia de la revuelta de las Vísperas Sicilianas (1282), el enigmático desafío de Burdeos con Carlos de Anjou, rey de Nápoles (1266-1285), y, finalmente, la repulsa de la tentativa de invasión de Cataluña por parte del poderoso monarca francés, Felipe III de Francia (1270-1285), que terminó en tragedia.
 

Puede parecer paradójico que el cronista de la Corona de Aragón más influyente y conocido sea, virtualmente, un desconocido: de Bernat Desclot, la tradición tan sólo nos ha dado su nombre. El año 1949, Miquel Coll Alentorn formulaba una hipótesis que permite, ni que sea de modo dubitativo, levantar el velo del misterio: el historiador Bernat Desclot no seria otro que Bernat Escrivà, que a lo largo de muchos años fue miembro de la curia real ocupando distintos cargos. La oscilación en el apellido Desclot / Escrivà (uno un gentilicio y el otro un derivado del oficio del cabeza de familia) se puede explicar bien con el hecho de que los apellidos aún no estaban del todo fijados ni establecidos, y, además, porque en el segundo, Escrivà, todavía había la ambigüedad entre la designación familiar y la del oficio. Los datos procedentes de la documentación exhumada por Coll se pueden complementar con aquellos que provienen del análisis de la composición del texto, a través de la comparación de las dos redacciones que han sobrevivido.

Los orígenes de la familia son oscuros: es posible su procedencia de la ciudad de Narbona, así como su paso por una localidad rosellonesa que lleva actualmente el nombre de Les Clots, derivado, posiblemente, de un antiguo Es Clot, el cual seria el origen del apellido que el cronista adopta para firmar su obra. Posiblemente emigrados a Cataluña después del desastre de Muret, el 12 de septiembre de 1213, el primer Escrivà documentado es Guillem, notario del rey Jaime. A raíz de la conquista progresiva del reino de Valencia, la familia Escrivà se transfiere ahí, adquiriendo el señorío de Patraix y desarrollando cargos burocráticos de prestigio. Desgraciadamente, es imposible relacionar el cronista con esta rama de la familia.

La primera noticia que encontramos referente a Bernat Escrivà, posible autor de la Crònica, se remonta al 24 de mayo de 1273 cuando aparece como justicia del puerto de Valencia. Anteriormente, como se refleja en otro documento, había sido encargado de la escribanía de Gandía, que volverá a estar a su cargo a partir del 31 de agosto de 1276. Mientras, en una época imposible de precisar, entre el 1273 y el 9 de mayo de 1276, había sido mayordomo de Hugo V conde de Ampurias. Volviendo a los datos que se pueden extraer del texto y ver cómo se complementan y se confirma la hipótesis de identificación de Coll Alentorn, se puede apreciar como, por ejemplo, en la primera redacción hay muy poca información sobre los últimos años del reinado de Jaime I —acontecimientos de los años 1274-76—, mientras que contiene muchos datos exactos y precisos relativos a los acontecimientos contemporáneos del Empordà, hecho que coincide perfectamente con una estancia en el condado durante un cierto tiempo antes del mayo de 1276.

A partir de enero de 1282, lo reencontramos en la tesorería del rey Pedro III, cargo que mantendrá hasta principios de 1286, en todo caso antes del 7 de mayo, ocupado a menudo en recaudar fondos para las guerras del rey. Desde 1283 (puede que incluso desde un poco antes) y hasta el 28 de abril de 1284, se encuentra en el reino de Valencia. La proximidad al rey Pedro, entre 1276 y 1282, explica perfectamente como Desclot fue conocedor de los planes secretos de invasión de Sicilia, y que pudiese consultar fuentes historiográficas tan solo disponibles en Barcelona; mientras que su estancia en Valencia, entre 1283 y 1284, justifica la absoluta incapacidad de encontrar información sobre el desarrollo de la guerra de Sicilia después del regreso del rey a la Corona de Aragón. Puede que no sea casualidad que, después de un profundo vacío narrativo (presente en la primera redacción respecto a la segunda), la primera retome el relato justo después del sitio de Albarracín, en noviembre de 1284, donde el cronista estaba con el rey.

A partir de esta fecha aparece como tesorero real, a menudo junto al rey, instalado en Barcelona, donde debió llegar, siguiendo a Pedro III, por Pascua de 1285. Su presencia en Barcelona, mientras tenían lugar los preparativos y la invasión francesa, primavera-verano de 1285, coincide perfectamente con las buenas pero discontinuas y, a la vez, confusas informaciones que Desclot tiene sobre las fases del conflicto, y a la constante utilización, para elaborar su relato, de voces populares que debían circular por la ciudad.

A pesar de haber cesado de su cargo de tesorero real antes del mayo de 1286, Bernat Escrivà no dejó totalmente de formar parte de la casa real, aunque no se sabe el cargo exacto, ya que aparece en algunos documentos como ciudadano de Barcelona. Pero a partir del 10 de abril de 1287 lo encontramos ejerciendo el cargo de camarero del rey Alfonso III, que mantendrá, por lo que parece, hasta su muerte, acaecida entre el 4 de septiembre y el 26 de diciembre de 1288. Es posible que el cese del trabajo de tesorero le ofreciera la oportunidad de terminar de redactar su obra, y podríamos especular que la readmisión, con un cargo tan cercano a la persona del rey, sea una recompensa por la obra de historiador llevada a cabo con la primera redacción de su texto. Las nuevas tareas, que le llevaban tan cerca del nuevo rey y de sus cancilleres, posiblemente le ofrecieron la oportunidad de consultar otra documentación (que hemos de entender como documentos, relaciones e incluso testimonios oculares) que le permitió volver a su obra, para revisarla, y completar o corregir, cuando fuese necesario, la información, a menudo escasa, que había estado anteriormente a su disposición. La muerte lo sorprendió ocupado en una tarea que no pudo llevar totalmente a término, así pues su revisión se paró en el capítulo 130.

Traducido por Anna Rosich
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