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Carles Riba

Visat núm. 5
(abril 2008)
por Jordi Malé
Nacido en 1983, Carles Riba, fue poeta, crítico, narrador y traductor, además de profesor. Se formó, al igual que toda su generación, en pleno periodo novecentista. El adjectivo de novecentista se le puede aplicar, sobretodo, por su firme convicción por lo que significó este movimiento, bajo la supervisión de Enric Prat de la Riba, Pompeu Fabra y Eugeni d’Ors, como obra construcción y enderezamiento del país, a la que él contribuyo como intelectual y hombre de letras.

De joven, el ascendente de Ors se manifestó en sus primeros artículos de crítica literaria (Escolis i altres articles, [Escolios y otros articulos], de 1921, y en los primeros que fueron recogidos en Els marges [Los márgenes], de 1927), dónde Riba se afanaba por construir un pensamiento literario propio, cogiendo prestados conceptos y términos de diferentes autores románticos y simbolistas y, sobretodo, del ideario orsiano. En contraposición, su prosa se encomendó al manierismo y al énfasis retórico de Xènius, características que fueron evitadas parcialmente en sus primerizas incursiones en el mundo de la narrativa infantil, en Les aventures d’en Perot Marrasquí; [Las aventuras de Pedrote Marrasquí], de 1924, donde consiguió un lenguaje más eficaz, que, sin dejar de ser literario, conseguía un estilo llano y cotidiano. No fue así en los relatos de L’ingenu amor [El ingenuo amor], cuentos no dirigidos específicamente a niños, sobre temas relacionados con el amor, el sacrificio, etc., en los cuales, su propósito literario lo hizo decantarse de nuevo hacia el artificio novecentista. De todas formas, fue en las traducciones al catalán de obras en prosa realizadas en aquellos primeros años, (de cuentos de E.A. Poe y de los hermanos Grimm, de algunas Vidas paralelas de Plutarco y de La expedición de los diez mil de Jenofonte, de El inspector de Gogol, etc.), dónde más se insinúa lo que sería su prosa (por ejemplo, la de los cuentos reunidos en Sis Joans [Seis Juanes], de 1928, y la de su epistolario.

Igualmente, la poesía de Riba de esta primera década, la del Primer llibre d’Estances [Primer libro de Estancias], de 1919, se podría calificar de novecentista por su rigurosa construcción formal y la constante presencia de referencias cultas (Homero, poetas medievales catalanes e italianos, simbolistas franceses, etc.) No obstante, estos primeros poemas de temática amorosa revelan, sobre todo, una voluntad introspectiva de análisis de sus propios estados y experiencias, que singularizaron a Riba frente al predominante realismo de los poetas catalanes coetáneos (con la excepción de J.M. López-Picó).

El tránsito entre la primera etapa vital y literaria de Riba y la siguiente fue marcado por el año 1922, año de crisis, y su estancia en Alemania. La descubierta de Hölderin (de quién tradujo algunos textos: el segundo libro de Estances, 1930), además de la relectura de Mallarmé y Baudelaire y, más adelante, una cierta influencia de poetas postsimbolistas como Rilke (de quién también hizo algunas versiones) y Valéry ( Per comprendre [Para comprender], de 1937) abrieron un nuevo camino a su poesía, aunque este último autor influyó mucho más en la crítica ribiana que en la poesía. El lento ritmo de composición de poemas en los años veinte, coincidió con su casi absoluta dedicación a la enseñanza y a la traducción del griego clásico, después que, ya en el año 1919, apareciera la primera y muy celebrada traducción en verso de La Odisea. A ello contribuyó la Fudació Bernat Metge, dónde publicó: Records de Sócrates, de 1923 y Obres socráticas menores, de 1924, de Jenofonte, Vidas paralelas de Plutarco (1926-1946) y Tragedias de Esquilo, 1932-1934.

De los años 30 datan los sonetos de su siguiente obra poética, Tres Suites (1937), en que la influencia postsimbolista se hace más evidente y se acerca a la llamada “poesía pura”. Aun así, no consigue acercársele del todo por su contenido de experiencia vital, siempre presente, en que ya se entreve alguno de sus grandes temas futuros. Justo antes de estallar la Guerra Civil, ensayó una forma poética breve de origen japonés, la tannka, con la que expresaba des de impresiones de paisajes y de sentimiento hasta la sensación del paso del tiempo; de esta hará dos libros Tannkas de les quatre estacions y Tannkas del retorn (escritos después del exilio), que junto con otro grupo de poemas próximos a las baladas (Per a una sola veu), publicará con el título Del joc i el foc (El juego y el fuego), de 1946.

Antes, sin embargo, durante la Guerra Civil, Riba manifestó su compromiso con la República tanto con artículos, como participando, por ejemplo, en la creación de la Institució de les Lletres Catalanes en el año 1937 y asistiendo al congreso del PEN Club en París. A finales de enero de 1939, poco antes que Barcelona cayera en manos de las tropas franquistas, partió con su familia hacia el exilio, en Francia. Se instalaron, primero, en Bierville (Boissy-la-Rivière), dónde comenzó a componer su obra poética más conocida: Elegies de Bierville [Elegías de Bierville] (escritas entre 1939 y 1942, cuya primera edición fue en 1943 y la segunda, ya completa, en 1949). En estos doce poemas se relata la aventura metafísica de un hombre que vuelve a su propia alma "como a una patria antigua”. La traumática experiencia en el exilio hace de trasfondo, a la vez que, dentro de la experiencia personal y poética que expresan, se introduce una dimensión religiosa, que estará siempre presente en sus obras posteriores.

En el 1943, ya otra vez en Cataluña, insistirá en esta dimensión, sobretodo en la recopilación de los sonetos de Salvatge cor [Corazón Salvaje], de 1952, con una intensa concentración expresiva y, a la vez, de gran densidad de experiencia profunda, dónde el ámbito religioso contrasta y se complementa con el tema del amor y del hombre como ser con alma y, sobretodo, con cuerpo. En su última obra poética publicada, Esbós de tres oratoris [Esbozo de tres oratorios], de 1957), formada por largos poemas narrativos, recrea motivos bíblicos («Els tres reis d’Orient», «Llàtzer el ressuscitat» i «El fill pròdig») a través de los cuales expone poéticamente la mayor parte de sus grandes temas. Dejó sin recopilar en volumen, unos cuantos poemas, donde algunos de aquellos temas se retoman con gran simplicidad. De los años de posguerra datan, también, sus traducciones más célebres: la segunda versión de l’Odissea [la Odisea], de 1948, y las versiones de todas las Tragèdies D’Eurípides [Tragedias de Eurípides] (publicadas póstumamente) y todas las Tragèdies de Sófocles [Tragedias de Sófocles] (un volumen escrito en verso en el año 1951, y dos en prosa de 1951 y 1959, completados póstumamente). Hacia 1957 empezó sus traducciones de Kavafis (también póstumas). De este mismo año es su último libro de crítica, …Més els poemas [Más los poemas], de 1957, con prólogos y artículos conmemorativos, dónde afrontaba nuevamente grandes figuras como Maragall o Verdaguer. Con su ejemplo de trabajo y rigor, y con su integridad como intelectual i como catalán, Riba se convirtió en una de las figuras más representativas de la cultura del país durante los difíciles años cuarenta y cincuenta.

Traducido por Eva Perarnau
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