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L’ombra de l’eunuc (1996) [La sombra del eunuco]

por Maria Roser Trilla
Jaume Cabré definió L’ombra de l’eunuc [La sombra del eunuco] (1996) como un ejercicio de lucidez. El protagonista, Miquel Gensana, un hombre que roza los cincuenta, se plantea si tiene sentido lo que ha hecho durante su vida. Toda la novela transcurre durante una cena con una chica precisamente en la casa solariega de su familia, en Feixes, ahora transformada en restaurante. Y es a lo largo de esta cena que Miquel Gensana se plantea “en qué momento se había agrietado su vida”, y hace todo un ejercicio de lucidez a la hora de revisar su pasado.

Miquel Gensana pertenece a la generación que vivió la militancia política de los años 60, que luchó contra el franquismo, que vivió la clandestinidad. Ahora, después de la transición y ya desde la democracia, la distancia permite una mirada irónica de aquella realidad. Profundamente insatisfecho, y con una mirada eternamente triste, Gensana es también un personaje enamoradizo, que no acaba de desenvolverse bien con las mujeres. Podría redimirse a través del arte, pero siente la frustración de quien no es creador, sino sólo crítico. Él querría ser el poeta, el novelista, el músico... “el artista” criticado, pero se siente perennemente estéril porque “cuando mira atrás, el crítico ve la sombra de un eunuco”, en palabras de Georges Steiner.

Cabré se plantea en L’ombra de l’eunuc la construcción de un universo, de todo un mundo. Es una novela total (precisamente la palabra “todo” abre y cierra la narración). La evocación del pasado (“la única cosa que poseemos con seguridad”, según la cita de Evelyn Waugh que encabeza el libro) del protagonista enlaza con la narración de las historias de otros personajes de su estirpe, de la que destaca un tierno, sensible y reiteradamente decepcionado tío Maurici. Un par de árboles genealógicos, uno de oficial y otro de “verdadero, desconocido y cierto” de la familia Gensana (el apellido también recuerda a la genética), ayudan al lector a no perderse entre la profusión de tramas, conflictos y nombres. El protagonista que, como dato curioso, nació el mismo día, el mismo mes y el mismo año que el autor, es el último de la estirpe: con él acaba la casta. Y el hecho de que la cena se suceda en la antigua casa familiar, ahora convertida en restaurante, es también un símbolo de esta extinción.

Los personajes de la familia, especialmente Miquel i Maurici, van adquiriendo diferentes sobrenombres y motivos, en función de los acontecimientos que viven y de la forma como actúan, como si de reyes medievales se tratara. Por ejemplo, Miquel Gensana pasa a ser, sucesivamente, Miquel II Gensana el Indeciso, Miquel II Gensana el Intelectual, Miquel Che Gensana, Miquel Marlowe Gensana, Miquel II Gensana el Catecúmeno, San Miquel Gensana, el Comunista de Origen Cristiano, Miquel II Robin Hood Gensana, Miquel II Gensana Sobrino-Nieto, Miquel II Gensana el Apóstol de la Ortodoxia, Miquel II Gensana Liberado de Toda Carga Fatigosa Excepto la del Recuerdo, Miquel II Gensana el Hijo Pródigo, Herr Michael Gensana, doktor in Freundschaft por Heildelberg, entre muchos otros. De este modo, los diferentes bautizos del personaje lo afilian a una generación “que se ha hecho golpes de apostasía”.

Esta novela, una forma de hacer música con palabras, es una mimesis del concierto para violín y orquesta de Aban Berg, que acabó dos meses antes de morir, precisamente a los cincuenta años, el verano de 1935. Está dedicado “a la memoria de un ángel”, título de la segunda parte de la novela. (El título de la primera parte, “El secreto del aoristo”, de referencias gramaticales, nos adentra rápidamente en el pasado.) Y cierta aspereza estilística que se puede encontrar en la novela evoca al pantonalismo. En L’ombra de l’eunuc, Cabré inaugura una nueva forma de narrar: el uso de la primera y de la tercera personas narrativas en la misma oración. Como en una especie de zoom, el narrador se acerca más o menos al personaje en función de la persona narrativa escogida. Pero la originalidad de la técnica narrativa va acompañada de un extraordinario dominio del lenguaje, con múltiples referencias poéticas y musicales. Los diferentes registros, coherentes siempre con el personaje y la situación (como el catalán coloquial de algún miembro de la resistencia o el prenormativo del antepasado poeta), enriquecen una esplendida novela sobre el arte, sobre la música, sobre la existencia.

Traducido por Guiomar Coll
Jaume Cabré, 2004, ILC. Foto: Tanit Plana
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