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Aloma (1938 y 1969)

por Neus Real

Al preparar sus obras completas, de entre la producción de preguerra Mercè Rodoreda sólo salvó Aloma . Aun así, la revisión que hizo revirtió en una novela bien diferente de la de los años treinta, mucho más en consonancia con los nuevos intereses de la escritora y con los caminos que estaba siguiendo su narrativa. Las dos versiones editadas del libro representan un caso único dentro de la literatura rodorediana, y permiten constatar textualmente, sobre el papel, su evolución. Aloma se erige, de esta manera, en un eslabón diáfano entre los dos tiempos creativos básicos de Rodoreda: la etapa republicana y la posguerra.

Un eslabón literario entre dos tiempos

En abril de 1936, Mercè Rodoreda acaba la primera versión de Aloma . La obra, que no se publica hasta 1938 —y con algunas modificaciones sugeridas por voces críticas de peso una vez hubo obtenido el Premio Joan Crexells de 1937—, supone un primer punto de llegada del proceso que la autora había iniciado en 1932. Mediante una novela psicológica centrada en la sexualidad y protagonizada por una joven barcelonesa —situándose en llena modernidad literaria tanto desde el punto de vista temático como formal y respondiendo, pues, a los reclamos críticos del momento—, Rodoreda ofrece un producto conseguido y efectivo en términos narrativos y culturales. El libro satisface a los críticos más exigentes y es un éxito de ventas pese a las circunstancias excepcionales que impone la guerra. Y es que Aloma representa la crisis de valores de la época a través de una figura y un marco bien reconocibles: una chica de dieciocho años, ingenua e imitadora de las mujeres modernas del cine, que vive en un barrio de la Barcelona republicana anterior a la guerra y posterior a los Hechos de Octubre de 1934.

La primera Aloma , como buena hija de su tiempo, está muy atada al contexto literario-cultural de los años treinta. Cuando Rodoreda decide recuperarla para las Obres completes , en la segunda mitad de los años sesenta, la somete a una revisión implacable que elimina todos las rastros de esta unión. La autora se encuentra en un momento creativo diferente, tiene otros intereses literarios y ha ganado mucho en oficio. Desde esta posición, entre 1967 y 1968 borra los elementos más claramente vinculados a la realidad cultural y sociopolítica del periodo republicano, refuerza el componente lírico y simbólico del texto y nutre al máximo los aspectos de la novela que versan sobre la condición humana. El resultado es una narración que ya no remite a unas circunstancias y a un espacio concretos, sino que explica una historia muy genérica, el interés de la cual radica en la experiencia de la protagonista. Ya no tiene importancia (ni hace falta, prácticamente) que sea una joven de la Barcelona de los años treinta. Las raíces de la obra de 1938 y el suelo al cual se enraizaban constituyen un mundo desaparecido debido a la victoria franquista y a la imposición de una férrea dictadura durante cuatro décadas.

La Barcelona que la escritora había retratado se funde en beneficio de una sutileza narrativa que señala más allá de un tiempo específico. El objetivo es actualizar el texto y mejorarlo literariamente con la calidad poética característica de los relatos rodoredianos coetáneos. Rodoreda afina en especial la narración misma, el fluir de las palabras, con una conciencia perfectamente clara de que son las palabras —sobre todo el cómo , y no tanto el qué — aquello que en literatura marca la diferencia. Este planteamiento, definido en su primera etapa como escritora, se consolida y se blinda durante la posguerra con el trabajo constante, las lecturas y un grado de perfeccionismo extremo.

La segunda Aloma es una novela que la autora madura consideró siempre menor. No podemos olvidar, no obstante, que tiene un valor incuestionable en la medida en que obro la posibilidad de constatar línea a línea, comparando el texto de 1938 con el de 1969, el modus operandi rodorediano en la década acotada por la edición de La plaza del Diamante y Mi Cristina y otros Cuentos.

Traducido por Miguel Ángel Muñoz Zammit
Mercè Rodoreda, fotògraf desconegut, 1980 (AHCB-AF)
Comentarios sobre la obra
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por Neus Real
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Jardín junto al mar
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Mi Cristina y otros cuentos
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La muerte y la primavera
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La Plaza del Diamante
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Espejo roto
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Cuanta, cuanta guerra
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Viajes y flores
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