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La autotraducción en Fifty Love Poems

por Ester Pou Jutglar
Las ilimitadas formas del amor que vertebran el corpus poético de Montserrat Abelló, desde la publicación de Vida diària (1963), pasando por El blat del temps (1986), Foc a les mans (1990), L’arrel de l’aigua (1995) o Són màscares que m’emprovo (1995) hasta Dins l’esfera del temps (1988), Memòria de tu i de mi (2006) y El fred íntim del silenci (2009), se recuperan y se reescriben en Fifty Love Poems (2014).

En unas páginas de gestación arraigada a un doble yo, fidelidad y libertad son conceptos que circulan impunemente. Las voces desinhibidas de la poetisa y la traductora viajan, se encuentran y se cotejan conscientemente en esta antología, que no tan solo aproxima culturas sino que también acerca la doble e indisociable actividad intelectual que la autora llevó a cabo durante toda una vida.

Cincuenta años viajando al servicio de la escritura son muchos años. Gran parte de un trayecto de vida. El libro Fifty Love Poems es, a mi parecer —y así intentaré esbozarlo—, la culminación de una pasión por las palabras. Son cincuenta los poemas (ni uno más ni uno menos) que Montserrat Abelló quiso recopilar en su único volumen traducido íntegramente a la lengua inglesa. Precisamente, esta colección de poemas puede considerarse una reflexión sobre las relaciones que hay entre la escritura, la creación y la traducción: es relectura, es reescritura, transferencia, viaje.

Permítanme que vuelva al título, cuya referencia numérica no puede pasarnos desapercibida. Dudo que el número de poemas reunidos sea un componente casual o aleatorio del libro. Abelló, de instinto sagaz, mirada atenta y carácter metódico, observaba hasta el último detalle del conjunto de la obra. Los títulos de sus recopilaciones y también los de sus obras traducidas, así como cada palabra escrita, son escogidos con agudeza y rigor. Todos y cada uno de los años vividos con la pluma en la mano se reencuentran en estas páginas de cincuenta composiciones, que recuperan la memoria y acogen la experiencia variada, intensa y paradoxal del amor.

Efectivamente, aquí, la voz de Montserrat Abelló rescata un conjunto de versos escritos de un tiempo a esta parte, publicados entre los años 1963 y 2009, la mayoría agrupados en Al cor de les paraules. Obra poética 1963-2002 (2002). Sin embargo, los revitaliza. Les da una nueva vida en otra lengua y, precisamente por este motivo, se trata de un libro singular y relevante. Poesía que ella misma traslada al inglés; una lengua que, como la vida, también había hecho suya. No obstante, traducir significa tener el poder y la legitimidad para hacerlo. Y la autora tarraconense era plenamente consciente de su poder. Sin duda alguna, en este caso, la autotraductora tiene el privilegio de permitirse la libertad de fisgar y de (re)elaborar la propia escritura.

De entrada, recordemos que le debemos las traducciones al catalán de autoras de la talla de Sylvia Plath, Anne Sexton, Margaret Atwood o Adrienne Rich, entre otras. Con la antología Cares a la finestra. Vint dones poetes de parla anglesa del segle XX (1993), no solamente airea la literatura catalana, sino que la dota de nuevas y subversivas voces femeninas extranjeras. Instaura, además, un diálogo con la otra, con las otras, mejor dicho. Las traduce para abrir su espacio a la otra, para dejarse impregnar de las historias de las otras; en definitiva, para reinscribir los espacios de tantas foráneas en el propi territorio. Ahora bien, en esta recopilación de poemas de amor, el trasvase a otra lengua lo perpetúa la misma autora.

Así pues, la autotraducción se convierte en un ejercicio de introspección complejo e íntimo a la vez que extraordinario, que, en el caso de Montserrat Abelló, culmina las expectativas y los retos de creación de la poeta-traductora o de la traductora-poeta. En el marco de los estudios de traducción, el fenómeno de las recientes autotraducciones de Abelló nos ofrece nuevos territorios identitarios por explorar. Con estos versos autotraducidos al inglés, asistimos tanto a un acto de reescritura como de encarnación del propio significado y de la identidad; es decir, a una reformulación y a un reajuste y acomodamiento del original y del propio yo. Traduciéndose a sí misma, la poeta puede leerse con perspectiva y, consiguientemente, puede regenerar su escritura.

Si la tierra de la poesía es ese territorio ciego, absoluto, detenido en lo imaginario y en lo irracional, donde las palabras no tienen más pasión que lo inexpresable, me pregunto: ¿qué busca la poeta-traductora —qué busca Montserrat Abelló— cuando decide autotraducirse? La poesía se ha definido como lo que se pierde en la traducción. He aquí como la reformulación de esta sentencia nos proporciona, puede que solamente de modo parcial, la fórmula para dar con el quid de la cuestión. Ahora sabemos que, para Abelló, la poesía es, también, en gran parte, lo que se encuentra en la autotraducción. Si aceptamos que la traducción es la cara más consciente de la escritura y que es el texto o el poema lo que escribe al poeta o a la poeta, admitiremos, en cambio, que es el traductor o traductora el que escribe y controla la traducción. En Fifty Love Poems, Abelló emprende un nuevo viaje de autoanálisis creativo. Un viaje textual de (auto)descubrimiento.

Esta edición bilingüe confronta a la poeta con la traductora. Original y traducción en páginas contrapuestas. Dos espacios de un mismo espacio: el de la creación, al fin y al cabo. Los versos en catalán y las autotraducciones en inglés dialogan y establecen juegos de espejos. Leyéndolos en las dos lenguas, primero en una y, después, en la otra, la sensación es igual y diferente a la vez. Cada poema es una variante del otro, con el que se complementa. Se fusionan dos voces en un cruce de intercambios, de resistencias y de negociaciones. Porque no podemos perder de vista que la traducción es espacio de posibilidad y de acogida pero también de contradicción. Ecos, repeticiones, duplicaciones, desdobles… que trascienden el original y rompen los márgenes y los límites de los contextos y, de paso, desafían el estatus del texto, del contexto, del lector y de la autora. Montserrat Abelló establece un magnífico diálogo intertextual, interlingüístico e intercultural consigo misma. Como decía, los límites se diluyen sobre el papel y tan solo afloran las palabras —originales y traducidas—, que son el hilo conductor del amor.

Al fin y al cabo, la voz o las voces de Montserrat Abelló transitan por estos versos de la mano de las palabras. De hecho, a través de ellas, escribió y tradujo su existencia. Mario Benedetti afirmaba que, por medio de los sentimientos pero gracias a las palabras y mediante ellas, tomamos consciencia de nosotros mismos: «Los sentimientos nos otorgan nombre, y con ese nombre somos lo que somos», dijo el escritor uruguayo. Poeta y traductora se desnudan de todo lo innecesario, se enredan con palabras aparentemente sencillas y de imágenes que describen la complejidad del deseo y la paradoja de no poder hablar sin que el otro esté presente. Las palabras y las palabras traducidas por la autora catalana tienen recovecos donde se ocultan las historias: tintinean, arrastran sedimentos, llegan cargadas de ternura, de musicalidad, de temores, desprenden olores y sabores de los espacios interiores que han habitado y de los lugares por los que han transitado. Abelló vive en las palabras. Las amó tanto porque fueron lo que le permitió que amase la vida. Y, sobre todo, porque las palabras, como a menudo nos recordaba, tienen corazón y laten como la vida misma.

Traducido por Neus Tirado Gual
Jesús Moncada
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