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La passió segons Renée Vivien

Maria-Mercè Marçal
La pasión según Renée Vivien

LA PASIÓN SEGÚN RENÉE VIVIEN

PAPELES PRIVADOS DE SARA T. (6)

DONDE LA NARRADORA SORPRENDE A SARA T. EN EL BAR DE LA ESTACIÓN DE AUSTERLITZ HACIENDO CÁBALAS Y DIVAGACIONES ENREVESADAS Y MUY SERIAS EN VOLÁTILES SERVILLETAS DE PAPEL


París, 26 de julio de 1984


Cuando intento captar lo que ha sido esencial de mi insatisfacción crónica en toda esta historia nuestra, me aparece siempre un esquema triangular; ¿no es también un triángulo lo que encuadra el ojo de Dios en las representaciones piadosas? El triángulo, que limita nuestra percepción gramatical con las tres personas del verbo. El triángulo, que irrumpe en la inmovilidad armónica o tensa del dos y aporta movimiento y, por ende, conflicto entre lo que es y el agente de cambio. El triángulo, que a veces se abre en otros triángulos, como las palmeras de los castillos de fuego, que se hacen y deshacen continuamente, se superponen, se interpenetran, se interseccionan. El triángulo, imagen de la perpetua elección y la perpetua traición. No hablo de aquel triángulo consagrado y banalizado por el vodevil o por el melodrama. Aunque, muy a menudo, mi vivencia de los hechos haya tomado un tinte melodramático, visto de cerca, o vodevillesco cuando el distanciamiento deja que se infiltre el humor. Y que, de hecho, la imagen sudada y resudada del adulterio clásico me sirva de punto de partida, tal vez como cualquier otro triángulo que adopte un perfil bien concreto y definido. Me he sentido, en esta historia nuestra, como si fuese permanentemente la «otra» sin que en el otro vértice hubiera precisamente «una» (ni «uno», desde luego). Seguro que de haberlo habido me habría sido más fácil o bien resignarme e intentar una adaptación, o luchar, u olvidar, romper. La precisión de lo que se interpone al deseo y a la voluntad es enormemente simplificadora. Aunque a veces un hecho simple es indicio de un gran embrollo subterráneo, pero da igual. Sirve, y esto es suficiente. Pero lo que yo he sentido de manera permanente entre tú y yo ha sido impreciso, múltiple y cambiante. En el otro vértice del triángulo sólo podría poner una palabra de acepción tan amplia que casi es como no decir nada: «el mundo». Y tal vez, intentando afinar: «el mundo en ti». Con frecuencia he tenido la sensación sin duda falaz de que fuera de este «mundo» complejo, envolvente, poderoso -y que no debe olvidarse, impone una ley hostil a la clase de amor que tú y yo hemos intentado vivir-, la mayoría de los conflictos que nos han enfrentado habrían sido inexistentes. Es cierto que buena parte de los problemas, desconfianzas e incomprensiones provienen del modo diferente en que cada una se relaciona con el «tercero» en presencia, que a veces toma la forma de presente «ausente». Y de los diferentes pactos que con él cada una ha establecido. Y de las diferentes elecciones y las diferentes traiciones a una supuesta complicidad previa. Pero ¿qué quedaría de nosotros si eliminásemos este referente necesario para toda existencia real? Es, tal vez, este estira y afloja con el mundo lo que nos define de una manera más singular. No hay huida, no hay un «fuera del mundo»: por un instante, la pasión que te libera del cerco de ti misma, disuelve los límites y niega toda ley y toda culpa. Por la pasión, olvidarse, olvidar el mundo. O pactar una tregua: el privado y el social articulados por instituciones: matrimonio o similares... Hacer extensivo al ámbito de los sentimientos aquello que en un estado de derecho sería una constitución. He oscilado durante estos años entre estas dos salidas (?). He tenido la sensación de vivir lo peor de cada una sin ninguna de sus ventajas respectivas. Este hibridismo establece, al fin y al cabo, la monotonía del sobresalto perpetuo, de la falta de proyectos -de proyecto-, la instalación en el presente continuo que a la larga llega a ser tan rutinario como el de los peores matrimonios. La incerteza sobre el propio lugar, la angustia, la incomodidad del perpetuo esfuerzo, absorbente como la pasión, mecánico como cualquier hábito... ¿Este hibridismo es connatural -pero no en exclusiva- a aquellos vínculos que «el mundo» ha declarado contra natura? La ausencia de una «constitución» reconocida legal y socialmente, ¿establece la lucha de poderes en estado puro, la articulación salvaje de todos y cada uno de los extremos? O, en la otra punta, ¿sólo hay la posibilidad de imitar -y la imitación siempre acaba siendo grotesca- aquello que, con nuestra peculiar evolución, hemos querido tal vez evitar a cualquier precio?

Translated by Pilar Giralt Gorina
Maria-Mercè Marçal, La pasión según Renée Vivien. Barcelona: Seix Barral, 1995, 115-117.
Maria-Mercè Marçal
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Extracts
Adéu al mascle!
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Motto
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The full moon
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Bonfire Joana
Català
La passió segons Renée Vivien
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Maternitat
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Solstici
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«Aquella part de mi que adorava un feixista»
Català | Maqyarul | Português | Slovensko
«Com l’assassí que torna al lloc del crim»
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«El meu amor sense casa»
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