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Curial e Güelfa

Anònim Curial e Güelfa
[Sueño de Curial]


Un mozo muy pobre se le apareció, y andaba desnudo sin cobertura ninguna, y pidiendo limosnas de casa en casa no encontraba quien le diese nada ni tuviese misericordia de él, en tal grado que le parecía que perecería de hambre. Y, como se extenuase y estuviese ya a punto de morir, en una puerta vio a una dama tan bella que Venus habría estado contenta de tanta belleza como la que aquélla tenía; iba esta mujer vestida toda de negro y con ropas de viuda. Y sin que el doncel le pidiese limosna ni se atreviese a hablarle, pues tan digna la veía de reverencia, ella le llamó y le dijo: ―Doncel, ¿qué buscas?―. El doncel repuso: ―Señora, muero de hambre y de frío―. Y al punto la dama desnudóse de su vestido, y vistióle con él, y parecióle que le sentaba bien. Y púsose la mano en el seno y, arrancándose el corazón, le dijo: ―Come este pan, y alégrate, porque basta para quitarte el hambre―. Y el doncel comía aquel corazón, y parecióle que tan dulce vianda no hubiese en el mundo. Y así comiendo le vio crecer y volverse muy hermoso hombre y grande en su persona. Entonces la dama dijo: ―Come bien y sáciate con esta condición: que, si alguna vez me vieses morir de hambre, tengas piedad de mí―. Y por el doncel le fue así prometido. Y hecho esto, el doncel, que ya era hombre muy grande y hermoso, se fue, y él y la dama se quedaron.

Después de esto siguió que le pareció que veía a aquella dama en estado muy pobre, triste y muy afligida, con los cabellos descompuestos y mal peinados, y la cara muy triste y descolorida, y, casi muriendo de hambre, se había vuelto tan flaca que entre los huesos y la piel no tenía carne alguna; y pedía de comer a aquel a quien ella había hartado, y él no se lo quería dar, sino que le volvía la espalda y enteramente la olvidaba; de modo que la mujer, mirando esta ingratitud, casi desfallecía e ignoraba qué remedio tomase, ni tampoco quería tomar nada que otros le diesen; por lo que ella estaba en trance de muerte, mayormente porque veía que aquel mal hombre daba a otra mujer el pan que ella debía comer; y por esta razón Curial quería matarle. Después de esto vio que los cielos se abrieron, y Febo, que todo lo ve, contó a Venus esta ingratitud; por lo que al punto Venus airada, mandó a Cupido, su hijo, que en ayudorio de aquella dama se alzase. Por lo que Cupido tomó su arco y lanzó dos saetas: una de plomo, la otra de oro; y con la de plomo hirió a la dama en mitad del corazón, y con la de oro hirió al hombre ingrato, y tan fuertemente los hirió, que la dama se durmió, y el hombre basqueaba y pasaba la mayor pena del mundo, y deseaba la muerte mas no la podía alcanzar.

 


Translated by Pere Gimferrer
Anònim Curial e Güelfa, [Sueño de Curial]. Curial y Güelfa. Traducció de Pere Gimferrer. Madrid: Alfaguara, 1982, p. 61-63.
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