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Narcís Oller

Visat núm. 7
(abril 2009)
por Joan Martori
Narcís Oller i Moragas (Valls, Alt Camp, 1846-Barcelona, 1930) es considerado el fundador de la novela moderna catalana, entre otras cuestiones, por el tratamiento de una nueva temática con una cosmovisión hasta el momento inédita.
 

A los tres años de edad se produjo la muerte de su padre, un abogado de ideología progresista, por lo que se fue a vivir, junto con su madre y su hermano pequeño —que moriría al cabo de cuatro años—, a la casa solariega de los Moragas, en donde su tío materno, también abogado, le hizo de tutor. A los diecisiete años se trasladó a la ciudad de Barcelona con la intención de acabar los estudios de Bachillerato. Poco tiempo después empezó los estudios de Derecho y acabó introduciéndose en la profesión jurídica como fiscal, de la mano de su tutor que ejercía en la ciudad de Tarragona. En 1873 volvió a Barcelona para ocupar la plaza de secretario de la Diputación de Barcelona, ciudad donde, a partir de entonces, residiría siempre —se casó, tuvo cuatro hijos y ejerció de procurador de Tribunales—, que tanto influiría en su carrera literaria.

Como tantos otros autores de su tiempo, su formación literaria se conformó a partir de la lectura de los clásicos y de autores del romanticismo, franceses y españoles. Pronto sus inquietudes le llevaron a formar parte de los cenáculos del catalanismo literario, en donde la crítica más docta de la ciudad de Barcelona —especialmente su primo Josep Yxart y Joan Sardà— le pusieron en contacto con la obra de los autores europeos más innovadores de la época. Esta fue la vía que le condujo a vincularse cada vez con más intensidad a la institución de los Jocs Florals, uno de los focos de producción e irradiación de la literatura catalana del momento.

París, ciudad que visitó en varias ocasiones a partir de una primera estancia con motivo de la Exposición Universal de 1878, se convirtió con el tiempo en un referente en su concepción de metrópolis avanzada. Sus artículos publicados en la prensa sobre temática urbanística constituyen una muestra de ello. Esta cuestión se manifiesta también en el reflejo y la crítica de la burguesía catalana del último tercio del siglo XIX, que encontramos en gran parte de su obra narrativa.

De su obra, compuesta por cuentos y relatos, novelas cortas, además de poesía, teatro y traducciones, cabe destacar su producción novelística de más relieve. La crítica especializada ha destacado tres etapas en su obra. Después de las primeras tentativas literarias en español, diferentes factores habrían influido en su obra posterior, escrita en catalán. Primeramente, su relación con el grupo de escritores de La Renaixensa; de forma indirecta, su vinculación con la institución de los Jocs Florals y, finalmente, su primer viaje a París. Un primer periodo comprende desde 1878 hasta 1892, cuando Oller se afirma como novelista realista y naturalista. La obra de Oller evoluciona con el referente de los modelos de la novela francesa. En parte, adopta soluciones que vinculan su producción al realismo propugnado por Balzac. Es en la obra del autor de la Cómedie humaine donde habría que encontrar el sentido de totalidad que Oller con el tiempo otorgó a su propia producción. Progresivamente adoptó el modelo naturalista, aplicando a su obra técnicas narrativas y descriptivas provenientes del programa de Zola, aunque lejos de asumir la absoluta impasibilidad narrativa que había propugnado la escuela. Su adscripción al naturalismo siempre estuvo conscientemente limitada por diferentes cuestiones imputables a su concepción estética e ideológica. En esta etapa de plena madurez se agrupan varios libros de cuentos. En Croquis del natural (1879), el autor evolucionó hacia fórmulas que lo distanciaban cada vez más del costumbrismo que había actuado de lastre en la inmediata tradición narrativa. Afronta el tratamiento de la burguesía y la ciudad con el objetivo de reproducir la sociedad burguesa inmersa en una dinámica de constante transformación urbana. Notes de color (1883) y De tots colors (1888) son los otros dos títulos de los posteriores libros de cuentos. Paralelamente, escribe novelas en formato breve y también novelas extensas. Publica una novela corta: Sor Sancha (1879), la única ambientada en la edad media, y la narración Isabel de Galceran (1880) que, como otras novelas suyas, actuará de germen de Vilaniu. La papallona (1882) fue traducida al español por Felipe B. Navarro y al francés por Albert Savine, que consiguió una carta-prólogo del mismo Zola para encabezar su edición titulada Le Papillon (1885). A pesar de las distancias que señaló Zola respecto a la obra de Oller y que son achacables a elementos que forman parte de lo que se podría llamar personalidad propia del artista y, fundamentalmente, al hecho de que se trata de una obra que no llega a superar las convenciones establecidas por la tradición, este prólogo desencadenó la fama internacional de Oller y lo consagró como escritor. La bufetada (1884), su última novela corta, se tradujo al francés, al alemán y al italiano. L’Escanyapobres (1884), traducida al español y al francés, exhumada de un cierto arrinconamiento de más de cincuenta años, ha sido considerada por la crítica contemporánea como una de sus mejores producciones, atendiendo a las técnicas narrativas y a su vigencia. Pese a la accidentada recepción de Vilaniu (1885), esta obra constituye un análisis de la moral social de un pueblo de comarca, en la cual la envidia que se expresa a través de la calumnia vertebra su trama. Sin embargo, La febre d’or (1890-1892) es su novela más ambiciosa, la obra que ha pasado a ser considerada con la categoría de clásico de la narrativa realista del ochocientos. Publicada en tres volúmenes, es la novela de una nueva burguesía exultante en el marco de la Barcelona de la década de los años ochenta, que toma como exponente a la Exposición Universal de 1888.

Una segunda etapa comprende desde 1893 hasta 1906. Durante este periodo el autor lleva una vida pública muy activa vinculada a importantes instituciones catalanas. Oller viaja mucho debido a sus relaciones con escritores de la literatura española y francesa. Su obra se decanta hacía un tratamiento formal cada vez más elaborado. Afronta como tema las relaciones humanas en el estamento burgués de Barcelona, a la vez que lleva a cabo un tratamiento más esmerado de la dimensión psicológica de los personajes, en parte debido a su lectura de Turguénev y Tolstói. Publica el libro de cuentos Figura i paisatge (1897), traducido al español. En plena crisis de la novela en el panorama europeo, con La bogeria (1899), que también se tradujo al español, Oller afrontó una crítica en clave narrativa a los cimientos deterministas del naturalismo. El autor, en un contexto crítico con los modelos narrativos provenientes del realismo y el naturalismo, había buscado nuevas orientaciones para su producción mediante una novela que significa un punto de inflexión en su trayectoria. Tardó algunos años en publicar Pilar Prim (1906), su última novela, influenciada por la novela psicológica de Paul Bourget y el simbolismo incipiente de los autores modernistas. Para la crítica coetánea esta novela parecía inaugurar una nueva etapa en la producción de Oller. La desconsideración de su obra por parte de los recién llegados noucentistes que dominaban el panorama cultural catalán, se fundamentó, por una parte, en la inclinación de la novela como género en el nuevo programa cultural; por la otra, en la marginación de una producción narrativa que, como la de Oller, participaba de un modelo de lengua diferente del que se estaba adoptando, pese a las exigencias que Oller se había autoimpuesto para dominar aceleradamente un lenguaje narrativo hasta el momento inexistente. Sin embargo, estos hechos hicieron irremediablemente decidir a nuestro autor a no escribir ninguna otra novela.

Una tercera etapa, que iría desde 1907 hasta 1930, comprende los periodos en que Oller centra su interés en el género teatral. Además de recopilar su producción narrativa dispersa en los dos volúmenes Rurals i urbanes (1916) y Al llapis i a la ploma (1918), Oller redacta sus memorias. En el libro recopilatorio Teatre d’aficionats: comedias i monolechs (1900) incluyó varios monólogos propios, traducciones de autores menores publicadas anteriormente, además de una comedia de Turguénev y una parodia de cosecha propia de La intrusa de Maurice Maeterlinck, que se había estrenado unos años antes. En los años ochenta del siglo XIX ya había traducido relatos de D’Amicis, Daudet, Gozlan, Savine y Zola, todos ellos vinculados con más o menos intensidad al realismo. Siguiendo su eclecticismo, había traducido también una novela menor de Benjamin Barbé, seudónimo de Alexandre Dumas hijo. Del ruso, por vía del francés, había traducido una comedia y un libro de prosa poética de Turguénev, además de piezas narrativas de Tolstói. Sin embargo, ahora, con los antecedentes mencionados, la continuidad con las tareas de traducción servían para compensar sus frustraciones como novelista en un contexto nada propicio para su producción narrativa. Hasta 1913 continuó con una década de dedicación a la traducción de textos teatrales con el objetivo de incorporar obras universales al teatro catalán, coincidiendo con el afán de apertura a Europa que, desde principios de siglo, habían emprendido los modernistas. Aunque la trayectoria de Oller como traductor es bastante ecléctica en cuanto a la selección de autores, en el teatro se puede establecer una tendencia más homogénea, inducida por los intereses del autor hacia la tradición realista europea. Por eso, traduce siete textos de teatro italiano: tres dramas burgueses de Giuseppe Giacosa, un melodrama de Girolamo Rovetta y tres comedias de Carlo Goldoni. A partir de 1911 y hasta 1913, Oller lleva a escena nuevas traducciones de la literatura rusa. Traduce Ostrovski y nuevamente obras de Turguénev y Tolstói. Posteriormente, en 1926, publicó una obra teatral titulada Renyines d’enamorats.

Entre los años 1913 y 1918 Oller redactó sus Memòries literàries. Història dels meus llibres, con unos añadidos que introdujo posteriormente, un trabajo imprescindible que documenta aspectos relacionados con la trayectoria del autor y su producción literaria contextualizada. En otro sentido, sus memorias pueden ser consideradas como la justificación personal de un escritor, basada en la significación histórica de su obra, que lucha por erradicar la idea de fracaso que haya podido comportar su marginación en el panorama literario dominado por los noucentistes. Se publicaron póstumamente, en 1960, a instancia del hijo del autor, con la excepción del último capítulo que se editó en 2001 bajo el título de Memòries teatrals.

Traducido por Glòria Domènech
Narcís Oller
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