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Josep Maria de Sagarra

Visat núm. 9
(abril 2010)
por Maria Bosom
Josep Maria de Sagarra es una de las figuras más destacadas de la literatura catalana, un autor que cultivó la poesía, el teatro, la novela y el ensayo y que ha dejado un importantísimo legado a las letras catalanas. Su increíble facilidad para componer versos y el hecho de emplear una lengua viva y fresca que rechazaba los cultismos y los arcaísmos tan frecuentes en sus contemporáneos novecentistas hicieron que Sagarra se convirtiera en uno de los poetas y dramaturgos más queridos por el gran público de su tiempo.

Además de su labor monumental como autor también ofreció sus grandes habilidades como poeta y hombre de teatro al servicio de la traducción, y así enriqueció el panorama de las letras catalanas con obras capitales de la literatura universal, entre las cuales destacan la Divina Comedia y un total de veintiocho obras de Shakespeare.

Podríamos decir que, en una época en la que las traducciones jugaron un papel fundamental a la hora de fijar unos determinados patrones de lengua y estilo, Sagarra constituyó un modelo único de traductor, un puente entre la lengua literaria de los novecentistas –extremadamente culta, elevada y artificiosa– y el modelo de lengua literaria de la década de los sesenta –que apostaba por mantener la máxima fidelidad semántica y estilística respecto al original–. Sagarra rechazó la pomposidad y artificiosidad del Novecentismo para acercarse a la lengua oral de su época y crear material literario. A pesar de ser un contemporáneo del Novecentismo, todo aquello que en autores como Carner o Riba era un intento por alejarse de la lengua oral con el objetivo de elevar el catalán a un estatus de lengua de cultura, en Sagarra era un afán por acercarse a dicha lengua. Como Sagarra era un hombre de teatro, era muy consciente de la importancia de utilizar una lengua que el receptor reconociese como propia, en lugar de una lengua artificiosa, plena de arcaísmos y cultismos, que se alejase de la realidad oral. Fue precisamente por eso que sus traducciones y adaptaciones de comedias de Molière, Goldoni o Pirandello, así como las veintiocho obras de Shakespeare que tradujo, tuvieron una recepción muy buena entre el público catalán. A diferencia de las traducciones novecentistas, con las que únicamente se identificaba una élite culta del país, Sagarra hizo que sus traducciones para el teatro –de la misma manera que había ocurrido con sus propias obras de teatro– llegasen y gustasen al gran público, que agradecía la frescura y agilidad de su lenguaje.

Esta lengua viva y fresca, junto con su gran capacidad versificadora, le permitió traducir con gran habilidad el Verso blanco de Shakespeare y reproducir en catalán la musicalidad de los versos de La Divina Comedia de Dante. Gracias a ello se convirtió en un referente para las siguientes generaciones de traductores. A pesar de que su modelo de lengua se acercara a la realidad oral, Sagarra no se caracterizaba por la sencillez o contención retórica, sino que empleaba una opulencia adjetival y unos artificios discursivos que dotaban a sus traducciones de uno de los estilos más personales e inconfundibles de la literatura catalana. Este estilo personal, que a veces implicaba cierta carencia de fidelidad respecto al original, fue precisamente lo que criticaron de Sagarra traductores posteriores como Gabriel Ferrater. Los seguidores del modelo de traducción de la década de los sesenta, que apostaban por la máxima fidelidad semántica y estilística respecto al original, no veían con buenos ojos que el estilo de Sagarra llegara a menudo a eclipsar el del autor.

Así pues, no se puede incluir a Sagarra en ningún patrón de lengua de traducción literaria, sino que él mismo es su propio patrón, único e inconfundible. Se aleja tanto del modelo que le precedió, el de los novecentistas, como del que adoptaron las generaciones posteriores de traductores en la década de los sesenta, al mismo tiempo que constituye un puente entre ambos, un puente que permitió el paso del modelo de lengua literaria de principios de siglo al modelo imperante hoy en día. Según muchos Sagarra abrió una puerta con el objetivo de que sus sucesores pudieran avanzar hacia la modernización de la lengua literaria catalana. Sus traducciones han sido y continúan siendo un referente dentro de la literatura catalana, hasta tal punto que se han convertido parte fundamental de bagaje literario de nuestra cultura.

Traducido por Adriano de Mata
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