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Josep Carner

Visat núm. 2
(octubre 2006)
por Marcel Ortín
Josep Carner (1884-1970) encontró en la traducción a la vez un modus vivendi (en algunos momentos, su principal fuente de ingresos) y una ocasión para ejercitar sus capacidades de escritor y para contribuir a la creación de una lengua literaria que se encontraba, a su entender, en proceso de construcción.

Josep Carner i Puig-Oriol, escritor y diplomático, nació en Barcelona el 1884 y murió en Bruselas el 1970. Firmó sus obras con su nombre y con múltiples pseudónimos, de los que destacan Bellafila, Calíban, Joan d'Albaflor y Joan Sitjar. Conreó la poesía lírica en primer lugar, y también el teatro y la prosa breve, descriptiva y ensayista, con alguna incursión esporádica a la ficción; también publicó una cincuentena de traducciones al catalán y al castellano. Entre 1903 y 1917 contribuyó decididamente, des de la posición de un profesional de las letras, al proyecto político encabezado por Enric Prat de la Riba: la consolidación institucional de la cultura en la lengua propia, en correspondencia con una organización social moderna, burguesa, de base liberal y con capacidad de autogobierno. El año 1921 inició una carrera diplomática que le llevó a residir en varias ciudades (Génova, San José de Costa Rica, Le Havre, Hendaia, Madrid, Beirut, Bruselas y París). Al final de la Guerra Civil española se exilió, primero a la capital de Méjico y después, el 1945, en Bruselas.

Sus primeras traducciones son colaboraciones en revistas. Existen ya algunas de bien curiosas entre los escritos que, todavía niño, enviaba a L'Aureneta (1896-1898). Des de las primeras publicadas en libro hay que destacar las tres de Shakespeare para la Biblioteca Popular dels Grans Mestres, para la que trabajaba: El sueño de una noche de verano (1908), Las alegres comadres de Windsor (1909) i La tempestad (1910); hechas a partir de las versiones francesas de François-Victor Hugo, revelan un propósito de dignificación de la lengua literaria des de las posiciones afines al arbitrarismo orsiano, bien explícitas en el prefacio a El sueño de una noche de verano: selección cultista, evitación de dialectalismos y vulgarismos en los personajes que no son cómicos, cierto preciosismo, amplia libertad en la recreación. Para la misma editorial tradujo al castellano el 1909 la obra narrativa de Joaquim Ruyra (Jacobé. Narraciones del mar y la montaña), con el propósito de difundir un autor de la generación anterior los valores estéticos del cual no contradecían su ideal de una literatura «civil y elegante»: ruralismo sin exageración ni pesimismo, caritas cristiana, lenguaje depurado y muy expresivo en su sencillez aparente. Del 1909 son también las traducciones de Tristan Bernard, Moliere (estrenada años antes) i les Florecillas de san Francisco (rehecha el 1957), que representan su interés de juventud por el teatro del franciscanismo, muy vivo en aquel momento en Cataluña.

Fue editorialista y redactor de La Veu de Catalunya, y el director de publicaciones periódicas de tipo culturalista o de un humorismo elegante, en todas las cuales tenían una buena acogida las traducciones. Des de su cargo de secretario de la Sección Filológica del Institut d’Estudis Catalans contribuyó al éxito de la reforma lingüística promovida por Pompeu Fabra. Después de la muerte de Prat, se encargó de una iniciativa cultural concebida bajo su mandato. La Editorial Catalana, orientada a proporcionar a los lectores de La Veu obras de calidad: literatura catalana y extranjera y alta divulgación. El catálogo de los años que la dirigió (1918-1921) responde a sus preferencias literarias, bien manifiestas en la promoción de obras originales para la Biblioteca Catalana (prosa de observación y una nueva narrativa alejada del naturalismo) y en la selección rigorosa y coherente de obras extranjeras y de sus traductores catalanes para la Biblioteca Literaria. Las traducciones con las que él mismo contribuyó, abundantísimas, le permitieron explorar algunas posibilidades estilísticas de la lengua acabada de codificar: usos irónicos, neologismos y combinaciones de expresiones idiomáticas con rescates dialectales, arcaizantes o cultistas. Respecto las modalidades literarias, son muy variadas, como se puede ver con la nómina de autores traducidos: de Andersen a Mark Twain, de La Fontaine y Molière a Arnold Bennett, los valores que predominan en ella son los de la literatura de observación irónica y humorística, la comedia, la fantasía, el relato de aventuras y la narración sentimental refinada. En aquella época tradujo también un par de obras de ensayo religioso y político, y mucha literatura infantil para varias colecciones de cuentos ilustrados de la Editorial Muntañola, principalmente en castellano.

Habiéndose distanciado de la Lliga Catalana, por la radicalización conservadora del partido y por las diferencias con algunos de sus dirigentes, el año 1921 buscó una vía de estabilidad económica en la carrera consular, pero no fue hasta el 1928 que abandonó La Veu de Catalunya para llevar sus colaboraciones periodísticas a La Publicitat, el periódico de Acció Catalana. El contacto con los lectores catalanes lo fue manteniendo con estas colaboraciones y también con las reediciones revisadas de sus libros de poesía o con libros nuevos. Algunas traducciones de novela publicadas en esta época (Defoe, Lewis Carroll i Thackeray) fueron rescatadas de viejos proyectos de la Editorial Catalana; otros de poesía y narrativa breve, fueron apareciendo en revistas infantiles (Virolet), o humorísticas y de entretenimiento El Borinot, Bella Terra, D'Ací d’Allà); y otras de la misma Veu: fábulas de R.L. Stevenson, ensayos de Charles Lamb o algunos de los Canti de Leopardi. Entre 1928 y 1931 tradujo tres de las obras mayores de Dickens (Pickwick, David Copperfield i Las grandes esperanzas) para la Biblioteca A Tot Vent de las Ediciones Proa, la colección de novela moderna catalana y extranjera dirigida por Joan Puig i Ferreter. El 1931 apareció sin su permiso una traducción muy antigua y fragmentaria de Los caracteres de La Bruyère, hecho que motivó un diálogo interesante con el crítico Just Cabot. El 1935 apareció Lluna i llanterna, un conjunto de recreaciones de poesía china a partir de versiones inglesas, después incorporado y ampliado al primer volumen de sus obras completas, Poesía (1957). También son de esta época dos colaboraciones con Marià Manent que demuestran el interés de ambos escritores por la traducción de literatura infantil.

Durante la Guerra Civil continuó sirviendo las instituciones republicanas. Exiliado a Méjico (1939-1945), enseñó en la universidad, tradujo abundantemente al castellano para el Fondo de Cultura Económica (Locke, Milton, Vico, Bacon) y para otras editoriales, y apadrinó varias iniciativas culturales. Del 1944 son los aforismos «Del arte de traducir», publicados en la revista que había fundado con Agustí Bartra, Lletres; donde resumía su ideario de traductor (evitar la desnaturalización a la que conduce un literalismo excesivo, traducir «con conocimiento dócil y pluma libre», e impregnar con la propia personalidad la obra traducida), a la vez que ponderaba una vez más los beneficios que los escritores y la cultura nacional obtienen de la traducción. La última etapa de su vida transcurro en Bruselas (1945-1970) donde ejerció de profesor de lengua y literatura. Sus obras inéditas de publicación póstuma son traducciones: una colección de proverbios, los Ensayos de Bacon, y la segunda versión de «Laudes creaturarum» de san Francisco de Asís, para un libro de gran bibliofilia de Joan Miró.

Traducido por Alba Duch
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