Facebook Twitter
Portada > El espacio de los traductores > Maria Khatziemmanuïl > Traducción teatral: un viaje entretenido

Traducción teatral: un viaje entretenido

por Maria Khatziemmanuïl

Se suele decir que la traducción, como la escritura, es un viaje en solitario. Un viaje que pasa por los lestrigones y los cíclopes ―los amigos traductores entienden muy bien qué quiero decir― hasta que uno llega a su Ítaca. Llegar a Ítaca, es decir, llegar al final de la traducción, es para todos los traductores el final del viaje. Pero no lo es para el traductor de teatro. Porque en este caso, Ítaca es el final de un viaje y a la vez el comienzo de otro.

La obra teatral es una obra literaria como lo es también una novela, pero hay algo que la distingue de las otras obras de literatura: la obra de teatro llega a su destino única y exclusivamente cuando sube a la escena. Esto significa que el traductor de teatro es una persona que hace un trabajo completo e incompleto al mismo tiempo, porque, cuando da por terminada la traducción de la obra, queda revelada solo una parte de su sustancia. Claro que se puede leer como si se tratara de cualquier obra literaria, pero con eso no basta para considerarla «teatral». El teatro se escribe para que lo representen, para que lo interpreten actores y lo dirija un director, con la valiosa contribución de los músicos, de los escenógrafos, los figurinistas y de todos los profesionales que intervienen. El teatro es un «rompecabezas». La obra necesita todas las piezas del rompecabezas para presentar al espectador todas las dimensiones, revelar todos sus aspectos, algunos de los cuales incluso el mismo autor puede llegar a ignorar. 

Empecé a traducir teatro hace diez años, no por encargo, sino por placer. Poco a poco fui presentando las obras traducidas a directores cuya visión profesional me gustaba, hasta que en 2006 llegó mi estreno: La mirada del hombre oscuro, de Ignacio del Moral, dirigida por Staci Livacinós en la Escena Experimental del Teatro Nacional de Grecia. Livacinós es uno de los mejores directores de Grecia y un gran maestro de actores. Yo era consciente de estas dos cualidades suyas; lo que desconocía, sin embargo, era que también es un gran maestro de traducción teatral. 

Creía que había hecho una traducción perfecta, o al menos bastante buena. ¡La ignorancia y la audacia del aprendiz! Cuando nos pusimos a trabajar juntos, repasando el texto palabra por palabra, frase por frase, antes de entregárselo a los actores, me di cuenta de todo el trabajo que había quedado por hacer. Livacinós, aunque no sabía español, podía adivinar perfectamente el sentido del texto y ayudarme a encontrar soluciones para todos los problemas. Por primera vez me di cuenta de la diferencia entre un texto que se lee y un texto que se recita: que la palabra pasa por el cuerpo del actor antes de llegar a los oídos del público, y que en este recorrido no puede encontrar obstáculos, sino que debe fluir suelta, libre, y liberarse del cuerpo del autor cuando le sale de la boca e ir a capturar el oído del espectador. Además, aprendí que una cosa es «traducir del español» (es decir, de la lengua de origen de un texto) y otra cosa es «traducir al griego» (o sea, al idioma de destino). Y lo más importante: que el público debe entender el contenido del texto recitado en el momento, porque el espectador no tiene la oportunidad de leer otra vez la parte que no ha acabado de entender, no puede re-leer el fragmento que no ha captado bien, como puede hacer el lector de una novela. El sentido de la palabra debe quedar claro como el agua, sin malentendidos ni dobles sentidos. Es decir, que el sentido que pueda comprender el público no presente ninguna duda. 

Cuando se acabó aquel segundo viaje por el texto junto al director, zarpamos hacia el tercero: los ensayos. Allí el texto pasó la última prueba e hicimos las correcciones que fueron necesarias para que obtuviera el ritmo interno perfecto, esta vez con la ayuda de los actores. Y finalmente, el estreno. Contentos y satisfechos. Yo más que nadie. 

Hoy, después de siete años y más de veinte estrenos, que he hecho sola o en colaboración con otros traductores, cuando leo una nueva versión mía, todavía siento la voz de Stacis que me dice: «es que no se entiende, Maria, ¡no se entiende!». Eso es lo que siempre tengo presente y lo que siempre me ayuda a mejorar, creo, mi traducción. Le estoy agradecida. 

Creo que traducir teatro es un privilegio. Aunque sean tiempos difíciles, aunque muchas veces sea un trabajo mal pagado, este viaje con tan buena compañía (la de directores, actores y toda la gente del teatro), el recorrido del papel a la escena es un viaje incomparable, un viaje entretenido, que exige muchos esfuerzos, pero que también puede dar muchas alegrías al traductor. ¡Disfrutémoslo, compañeros traductores! 

NOTA: Un viaje entretenido es el título del libro del escritor, actor y dramaturgo Agustín de Rojas Villandrando (Madrid, 1572 - Paredes de Nava, Palencia, antes de 1632), una miscelánea con elementos picarescos redactada en forma de diálogo entre el propio Rojas y algunos miembros de su compañía teatral. El libro reúne un buen número de anécdotas sobre la vida teatral de la época y ofrece una valiosa información sobre la composición, distribución y costumbres de las compañías teatrales itinerantes y estables.
Traducido por Francesca Cerdà
Maria Khatziemmanuïl, 2010
Comentarios sobre traducciones
Traducción teatral: un viaje entretenido
por Maria Khatziemmanuïl
Fragments
Com dir-ho? - Josep M. Benet i Jornet
Salamandra - Josep M. Benet i Jornet
Soterrani - Josep M. Benet i Jornet
Bibliografia
Buscador de traductores
A-B-C-D - E-F-G - H - I
J - K - L - M - N - O - P - Q - R
S-T-U-V-W-X-Y-Z
Con el soporte de: