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Largo Desolato

Vaclav Havel
LEOPOLD: Le voy a decir algo, Markéta, franqueza por franqueza: si la comprendo, es sobre todo porque me encuentro en una situación muy parecida a la suya, y tal vez peor -
MARKETA: ¿Usted? ¡No puedo creerlo! Usted que sabe tanto - que ha hecho tanto - es tan sabio -
LEOPOLD: Eso no significa nada.
MARKETA: Yo sólo soy una chica tonta, en cambio usted -
LEOPOLD: Usted no es tonta -
MARKETA: Sí que lo soy, lo sé -
LEOPOLD: Usted es inteligente, Markéta - y además guapa -
MARKETA: ¿Yo? Qué dice -
LEOPOLD: Quiero serle franco, Markéta: estoy muy mal -
MARKETA: Ya sé que su vida es muy dura, pero da la sensación de ser tan equilibrado -
LEOPOLD: Las apariencias engañan. En realidad hace tiempo que tengo la impresión de que algo se hunde dentro de mí - como si se hubiera roto el eje que me ha sustentado hasta ahora - como si el suelo desapareciera bajo mis pies - simplemente me falta la semilla de la que rebrotar - en vez de ser el motor de mi vida me estoy convirtiendo en su objeto pasivo - a veces tengo la sensación de no hacer nada más que contemplar pasivamente el paso del tiempo. Se ha ido a freír espárragos mi objetividad de antes - mi sentido del humor - mi capacidad de trabajo y de concentración - la agudeza de mis formulaciones -
MARKETA: ¡Pero se expresa de una manera tan hermosa!
LEOPOLD: Sólo dice eso porque no me ha conocido antes. No, no, han desaparecido mi ironía y autoironía, mi capacidad de entusiasmarme, de entregarme emocionalmente, de darme y sacrificarme a una causa. Tal vez la decepcione, Markéta, pero ¡ya no soy ni de lejos aquél por el que me toma! Soy un hombre cansado, quemado, destruido -
MARKETA: ¡No debe hablar así, profesor! Es demasiado exigente consigo mismo. Y aunque todo eso fuera verdad, el simple hecho de que reflexione sobre su estado anímico demuestra que está muy lejos de su destrucción -
LEOPOLD: Es usted muy buena persona, Markéta. Y no me llame profesor, por favor, me suena demasiado oficial - ¿Por qué no bebe?
Markéta bebe un sorbo y se estremece. Enseguida Leopold le vuelve a llenar la copa. Pausa breve.
MARKETA: ¡Hay tanta gente que le aprecia! ¿No es un apoyo eso para usted?
LEOPOLD: ¡Al contrario! Muchas veces recuerdo lo agradable que era todo cuando nadie se interesaba por mí - nadie esperaba nada de mí - nadie me aconsejaba - recorría las librerías de ocasión buscando obras interesantes - estudiaba con calma a los filósofos modernos - por la noche tomaba apuntes - paseaba por los parque de la ciudad y me embebía en las ideas filosóficas -
MARKETA: Pero gracias a ello ha llegado a ser lo que es hoy -
LEOPOLD: Eso es verdad, pero también es verdad que me ha caído encima una carga mayor que la que soy capaz de llevar -
MARKETA: ¡Estoy convencida de que saldrá de este estado, Leopold!
LEOPOLD: Siento que mi única salida es aceptar que me lleven allí - lejos de mis amigos - confiar humildemente en una voluntad más fuerte, pasar la prueba me daría la oportunidad de expiar mi culpa - desde mi reserva hasta mi arrogancia - y como un pequeño rodillo en una maquinaria gigantesca, transformar mi destino en un baño de humildad y purificación - el que, si soy capaz de beber mi cáliz hasta el final - para, un día, poder recobrar mi perdida integridad humana - lo que me renovaría la esperanza - me reconstruiría los sentimientos - me abriría las puertas de una nueva vida.
Traduït per Monika Zgustova
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